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BCE

La Comisión Europea no descarta una recesión

Por Marina BurónTiempo de lectura2 min
Economía21-11-2014

La Comisión Europea no prevé descartar una recesión, pero avisan de que se va a crecer muy poco en los próximos años. Un 1,3% en 2014 y no se llegará al 2% antes de 2017 por lo menos. El primer ministro británico, David Cameron alertó de la "inestabilidad e incertidumbre" de la economía global, y de que hay señales de aviso como las de hace seis años y de que puede afectar tanto a los ricos como a los pobres.

"Seguiremos cumpliendo nuestra responsabilidad, haremos lo que haga falta para elevar la inflación y las expectativas de inflación tan rápido como sea posible, como exige nuestro mandato para lograr la estabilidad de precio", ha dicho Draghi en el congreso de banca European Banking Congress. "Si en su actual trayectoria nuestra política no tiene suficiente efectividad para lograrlo, o si se materializan riesgos para las perspectivas de inflación, aumentaríamos la presión y ampliaríamos los canales a través de los que intervenimos, alterando el tamaño, el ritmo y la composición de nuestras compras según sea adecuado", ha explicado. "La política monetaria ha hecho mucho y puede hacer más, sobre todo si va de la mano de reformas estructurales, pero no lo puede hacer todo", reiteró ayer el presidente del BCE desde el Parlamento Europeo. Los bancos de la zona del euro ya están reduciendo los tipos de interés y están abriendo el grifo del crédito. Draghi ha declarado que "ya hay evidencia de que en expectativa de las medidas, los bancos están bajando sus tasas de interés y aumentando los volúmenes de préstamos". El BCE detectó que los bancos habían relajado en el tercer trimestre las condiciones para dar créditos a las empresas, lo que supuso el segundo trimestre consecutivo de flexibilización. Para impulsar el crédito, el BCE ha puesto en marcha la compra de bonos y este mismo viernes ha salido al mercado a adquirir valores respaldados por activos. Draghi dejó en el aire la posibilidad de activar la compra masiva de deuda, considerada como la opción definitiva para reanimar la financiación y, por extensión, relanzar la economía. Durante los últimos años, Europa ha tenido un enorme problema, pero lo afrontó con un plan, con un libro de recetas polémico, controvertido. El déficit era el problema y la ortodoxia fiscal la solución. Hoy, el problema sigue estando ahí, y acertada o errónea, la estrategia ya no está. No hay ideas, ni acuerdo. La UE busca una nueva narrativa en la que crecimiento e inversión han sustituido a recortes y ajustes en ale vocabulario diario. Pero Italia, pese a seguir en números rojos, se niega a más retoques. Francia no quiere cambiar sus Presupuestos. Pero el problema de fondo, aunque se cierren los ojos, sigue estando ahí.