MEDIO AMBIENTE
El impacto de los incendios forestales se ha triplicado en 2014
Por Sergio Castilla
3 min
Sociedad21-07-2014
España lleva un mal 2014 en lo que a incendios forestales se refiere. Según las cifras del MAGRAMA (Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente), hasta el 13 de julio de 2014, el fuego ha arrasado un total de 28.973,22 hectáreas en España en lo que va de año, una superficie que triplica las 9.143,21 registradas durante el mismo período de 2013. En total, un 0,105 por ciento de la superficie forestal nacional ha ardido en dicho intervalo temporal, mientras que el número de siniestros ha ascendido a 6.118, cifras que superan con creces a las de 2013 pero que siguen estando por debajo de la media registrada en la última década.
Según los datos del MAGRAMA, como viene siendo habitual en España, las comunidades más afectadas por los incendios forestales fueron las del noroeste, con el 42,31 por ciento de siniestros, seguidas por las comunidades interiores, con el 36,6 por ciento, el Mediterráneo, con el 20,52 por ciento y Canarias, con el 0,57 por ciento. También fue en el noroeste donde ardieron más hectáreas de superficie forestal, el 54,95 por ciento. Por detrás, se encuentra el mediterráneo -28,46 por ciento-, las comunidades interiores -16,56 por ciento- y Canarias -0,02 por ciento-. Frente a un único gran incendio (aquellos que arrasan más de 500 hectáreas) que se había dado hasta el 13 de julio de 2013, en 2014 ya se dieron cuatro en el mismo periodo. Además, a éstos hay que añadir los registrados estos últimos días en Ujué (Navarra) -el cual ha afectado a unas 900 hectáreas de terreno forestal y de cultivo- y en la Sierra Norte de Guadalajara. El último caso reviste especial gravedad, al tratarse de dos incendios que han confluido y han afectado ya a un perímetro superior a las 3.000 hectáreas. Cogolludo y Bustares han sido los municipios más afectados por los respectivos incendios. Sin embargo, el de Guadalajara no ha sido el incendio de mayor impacto en lo que hasta el momento va de año. Las llamas en la Sierra de Gádor (Almería) a finales de marzo acabaron provocando la pérdida de más de 3.400 hectáreas de matorral y pinar. En el mes de abril, en la misma provincia, un incendio iniciado en Sierra Alhamilla acabó afectando a más de 2.400 hectáreas. Otro de los grandes incendios forestales en lo que va de año ha tenido lugar en Tivissa (Tarragona), donde el fuego calcinó 830 hectáreas de pino blanco y matorrales en el mes de junio. Toda esta realidad sigue teniendo un principal culpable, el ser humano, que es el que origina más del 90 por ciento de los incendios, ya sea por negligencia o intencionadamente. Según Greenpeace, el de España es un caso especial por la alta intencionalidad registrada en este tipo de fenómenos. En este sentido, según la organización, resulta fundamental la investigación del origen de los incendios y el esclarecimiento de las causas, así como la persecución del delito por parte de las Fiscalías de Medio Ambiente para lograr un efecto disuasivo. El Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) de la Guardia Civil se encarga de las investigaciones policiales en todo el Estado, salvo en el País Vasco, junto a la colaboración técnica de los agentes forestales. Según una base de datos elaborada por Civio, entre 2001 y 2012 hubo más de 200.000 incendios en España, de los cuales se ha judicializado una mínima parte. Según los datos del MAGRAMA analizados por Civio, hasta al 15 por ciento de los incendios ocasionados entre 2001 y 2011 se les atribuye un origen por "causa desconocida". Además, de las 393 personas juzgadas, 296 resultaron condenadas como culpables. Organizaciones como Ecologistas en Acción recomiendan una serie de prácticas para prevenir este tipo de catástrofes. Algunas de ellas son evitar encender cualquier tipo de fuego en el campo; no arrojar al suelo cualquier objeto susceptible de originar un incendio (una colilla, por ejemplo); no utilizar desbrozadoras, motosierras, grupo de soldadura, amoladora o radial en terreno forestal; conocer bien el terreno a la hora de adentrarse en el monte en las épocas de riesgo de incendio; comunicar a las autoridades públicas los vertederos o puntos de vertidos ilegales que se encuentren en terrenos forestales o próximos a ello y, por último, evitar el uso del coche o vehículo motorizado en todas partes.





