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Liga de Campeones

La sequía por la orejona

Por Cristian BuendíaTiempo de lectura2 min
Deportes25-05-2014

<>, suspiraba el madridista de a pie. Aquel aficionado que vio como la Roma, el Lyon o el Barça alejaban este tiempo, una celebración glamurosa. <>, suspiraba el colchonero que sufría con el equipo del Vicente Calderón. Hasta la llegada del Cholo Simeone. Con el argentino, se dejó de sufrir. Al menos, el aficionado ya podría celebrar goles que valdrían un campeonato de liga o paradas de una precoz estrella belga que mantienen a raya hasta a los mismísimos Messi, Cristiano y Oliver Atom juntos. El Cholo revolucionó el vestuario y, como buen motivador que ha demostrado ser, levantó un equipo sin rumbo para apuntar a la posibilidad de la primera Champions.

Reina, Irureta, Gárate, Courtois, Gabi y Diego Costa tienen muchas cosas en común. En algún momento de sus vidas, han vestido la camiseta rojiblanca: en dos épocas del Atlético de Madrid muy distanciadas: uno en el año 1975 y, el otro, en 2014. Aunque hayan pasado casi cuatro décadas, los marcadores de la final de la competición continental por excelencia son muy parecidos: ese Bayern de ‘Torpedo’ Müller empató a 1 contra el Atleti en 90 minutos. El Real Madrid, en una gesta épica, sacó un empate tras la hora y media reglamentaria. Pero las normas cambian y la prórroga, que provoca infartos de miocardio durante 30 minutos, se incluyó en el inicio del tercer milenio. El partido de repetición de los años 70 terminaría con un 4-0 a favor del Bayern. Los bávaros sucederían al Ajax, con tres Copas de Europa hasta ese momento. Para los alemanes, sería la primera de las cinco que tiene en sus vitrinas. Algún aficionado colchonero podría imaginar que la final de la Champions podría vivirla algún día cercano. Quizás, si esto lo dijera en cualquier ambiente, le hubieran llamado ‘loco’. Si bien es cierto que en Europa ya habían tenido sus días de celebraciones con dos Europa League y dos Supercopas europeas en cinco años. La máxima competición europea era un nivel más alto en ese videojuego de la orejona. Enfrente estaba el Real Madrid. Allí estaba, en la última pantalla dispuestos a rescatar a la princesa por décima vez. Un equipo obseso con eso de la Décima. La décima Copa de Europa. Ese trofeo se debía conseguir lo más antes posibles. Lo intentaron varios proyectos: desde Florentino, en dos ocasiones, hasta Ramón Calderón y pasando por Vicente Boluda. La plantilla se fue renovando con el paso de los años y, de ese ‘rey de Europa’ de Glasgow solo queda Casillas. Y Zidane, que estaba presente hace horas en el banquillo. Han sido 12 años duros pasando calamidades de todos los tipos: eliminados de octavos durante años seguidos, llegando a semifinales y rozando con la palma de la mano esa anhelada y gruesa final y, por último, presentarse en Lisboa ante el equipo más sorprendente en los últimos años. El capitán de este barco de diez copas de Europa es Carlo Ancelotti. Jugó a una moneda al aire: si perdía la final, su temporada sería, en mi opinión, un aprobado. Si la ganaba, entraría en un listado limitado de entrenadores con Copas de Europa ganadas en dos equipos diferentes y, por lo tanto, sería una temporada de sobresaliente. Cara o cruz. En capítulos anteriores, y con este ambiente de presión, lo intentaron Pellegrini, Mourinho, Juande Ramos, etc. César, Hierro y Raúl. Casillas, Ramos y Cristiano. Distintos nombres, pero mismo escudo. La generación primera, al contrario que la del Atleti, solo pasó doce años. Un solo que se dice en apenas dos sílabas cuyo interior dice más de lo que parece ser una palabra bisílaba más: tristeza, rabia, furia, dolor y euforia.