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SUMINISTRO ENERGÉTICO MUNDIAL

Putin y Xi Jinpin consolidan su acercamiento geopolítico y dan la espalda a Occidente

Por Beatriz Álvarez GallardoTiempo de lectura4 min
Internacional23-05-2014

Dentro de cuatro años, Rusia proveerá a su vecino oriental de 38.000 millones de metros cúbicos de gas anuales. Esta cifra supone el mayor contrato individual de la historia de Gazprom, y ronda el 20% del consumo de Europa, que sigue siendo el mayor cliente ruso con cerca de 160.000 millones de metros cúbicos adquiridos en 2013. Los analistas internacionales coinciden en afirmar que la importancia del acuerdo trasciende lo puramente económico y constituye una alianza geopolítica.

Europa ya ha hecho pública su intención de reducir la dependencia con respecto al gas ruso, sobre todo a raíz de los enfrentamientos diplomáticos relacionados con Ucrania y la anexión rusa de Crimea; mientras que China fue el único país del Consejo de Seguridad de la ONU que se abstuvo en la votación contra la anexión. Del mismo modo, tanto Rusia como China observan con recelo la hegemonía política y militar de Estados Unidos y defienden el establecimiento de un orden internacional multipolar fundamentado en la soberanía nacional (dejando fuera la posibilidad de que la comunidad internacional se inmiscuya en asuntos internos, como los de Chechenia en Rusia o Tíbet en China). El primer ministro ruso, Vladimir Putin, y el presidente chino, Xi Jinping, se han reunido este miércoles en Shangai, en el marco de la IV Conferencia de Interacción y Medidas para el Desarrollo de la Confianza (CICA); y han confirmado que el acuerdo entre sus respectivas naciones prevé establecer una alianza integral en el sector energético, además de un aumento del uso de las monedas locales en su comercio bilateral, la inversión y financiación de proyectos en ambos territorios, e incluso un fortalecimiento de la formulación de políticas macroeconómicas. Pese a lo que pudiera parecer, las relaciones económicas entre Rusia y China aún son relativamente pequeñas: apenas el 7% de las ventas rusas tienen como comprador al gigante asiático; y Rusia adquiere tan solo el 2,2% de las exportaciones chinas. Con ello en mente, Putin y Jinping se han comprometido públicamente a aumentar el comercio bilateral (que actualmente se encuentra en 90.000 millones de dólares) hasta los 100.000 millones de dólares a finales de 2015, y llegar a duplicar estas cifras en 2020. Pese a los últimos episodios, el viraje de Rusia hacia Oriente no es algo nuevo. Ya en 1996, ambos países anunciaron una asociación estratégica de cooperación, que fue ratificada un lustro después a través del Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación de 2001. En 2008 se acordó el plan de acción a seguir para implementar los tratados previos, y en 2011 las relaciones entre Rusia y China alcanzaron el grado de “asociación integral estratégica y cooperativa”, el máximo nivel de implicación previsto en la diplomacia del país asiático. A partir de ese momento, se han sucedido las apariciones públicas de Vladimir Putin y Xi Jinping, en las que han asegurado que las relaciones entre ambas potencias se encuentran en su mejor momento de la Historia. Más que una ideología afín, el acercamiento entre Rusia y China responde a la existencia de “intereses comunes”, tal y como afirma el subdirector de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad de Renmin, Chen Xiaohe, quien asegura que no es que “los dos países se amen locamente”, sino que el acuerdo “beneficia a Rusia y a China”. En efecto, tras la escalada de tensión frente a Occidente, Rusia se ha visto obligada a dotar de mayor urgencia su búsqueda de nuevos mercados para la exportación energética. Y, teniendo en cuenta que Rusia es el mayor exportador de energía del mundo, que China es a su vez el mayor consumidor del planeta, y que ambos países comparten miles de kilómetros de frontera, la solución parece evidente. Del mismo modo, Rusia constituye uno de los mayores productores y exportadores de armamento, mientras que China sufre un embargo de armas por parte de Estados Unidos y la Unión Europea desde la matanza de la plaza de Tiananmen en 1989. Por si esto fuera poco, China se encuentra inmersa en una serie de conflictos por la soberanía territorial de sus mares del este y del sur, y necesita el apoyo diplomático ruso para contrarrestar el respaldo estadounidense a sus rivales. No obstante, no todo ha sido siempre tan fácil entre los dos gigantes. En el marco de la Guerra Fría, entre finales de los años 60 y principios de los 70, el miedo de China a una invasión Rusa produjo varios enfrentamientos fronterizos, y la llevó incluso a acercarse a la administración norteamericana, gobernada por aquel entonces por Richard Nixon. El presidente estadounidense y su secretario de Estado, Henry Kissinger, no dudaron en espolear ese miedo ante la oportunidad de arrinconar a la superpotencia rusa. Sin embargo, las disputas limítrofes chino-rusas terminaron de resolverse pacíficamente en 2008, y en la actualidad la frontera se encuentra desmilitarizada.