SIRIA
Los rebeldes sirios destruyen un hotel en Alepo
Por Fernando García
2 min
Internacional08-05-2014
El conflicto armado no se detiene en Siria con la retirada rebelde del casco antiguo de la ciudad de Homs. Si el pasado miércoles la televisión mostraba como se izaba una bandera gubernamental en la plaza central del antiguo bastión de las fuerzas opositoras, la respuesta no se ha hecho esperar. Los insurgentes sirios han destruido el hotel Carlton de Alepo, al norte del país. La autoría de la detonación del edificio ha sido reclamada por las fuerzas contrarias al régimen estatal, y aunque aun no hay datos oficiales, la estimación de las ONG desplazadas a la zona dan una cifra de varios cientos de muertos.
El Observatorio Sirio de Derechos Humanos han informado que "brigadas rebeldes islamistas han pulverizado el histórico Hotel Carlton en la ciudad vieja de Alepo, gracias a una gran cantidad de explosivos emplazados en un túnel”. El edificio era uno de los de más alto nivel antes del conflicto, y en la actualidad estaba ocupado por militares que apoyaban al Gobierno, de los cuales la organización calcula que han fallecido unos 50. El bloque ha quedado totalmente pulverizado y la explosión ha destruido también casas aledañas. Este atentado parece ser un desplazamiento de las hostilidades a la ciudad de Alepo, la antigua localidad más importante económicamente de Siria y que ahora se encuentra en la zona fronteriza del conflicto. Alepo está dividida entre las fuerzas insurgentes y las leales al presidente Bashar al Asad. La consecuencia principal es la retirada de las fuerzas rebeldes del casco antiguo de Homs, situada en el centro del país, que representaba el origen del movimiento en contra de al Asad y que fue celebrada como una victoria simbólica. El acto de la retirada fue supervisado por la ONU, en virtud de los acuerdos alcanzados el domingo entre ambos bandos. Los 980 soldados opositores fueron trasladados en autobuses a la zona al norte de la población en Dar al Kabira. A cambio, los rebeldes liberaron un total de 71 rehenes capturados en Latakia y Alepo, la mayoría pertenecientes a la secta alauí, de la que es miembro el presidente al Asad. La marcha de los insurgentes supone el fin de un asedio de 20 meses. El atentado viene precedido de la petición el pasado miércoles de más armamento y dinero para derrocar el Gobierno de al Asad por parte del líder de la autodenominada Coalición Nacional Siria (CNS), Ahmad Yarba. El Ejecutivo estadounidense concedió 27 millones de dólares para mejorar la logística de la CNS, con oficina en Washington y le ha otorgado el estatus de misión diplomática extranjera. En una rueda de prensa en la capital de EE.UU., Yarba afirmo que la aportación de armamento antiaéreo para contrarrestar los bombardeos de las fuerzas gubernamentales permitiría "cambiar el equilibrio de fuerzas en el territorio sirio". El conflicto en Siria ha involucrado a varios países. Mientras el Gobierno de Al-Assad cuenta como aliados a Irán y Rusia, los rebeldes son apoyados por EE.UU. a través de la CIA, que proporciona desde 2013 armamento y entrenamiento, y otros países árabes como Jordania, Arabia Saudí y Qatar, brindan asistencia financiera y logística a las fuerzas insurgentes. El alzamiento se inició en 2011, cuando las protestas pacíficas que pedían el proceso de democratización en el país, gobernado durante 43 años por la familia al Asad, derivaron en una rebelión armada. Desde el comienzo del conflicto se calcula que unas 100.000 personas, gran parte de ellos civiles, han perdido la vida en los enfrentamientos.





