NIGERIA
Más de 800 cristianos asesinados y 400 iglesias asaltadas en Nigeria
Por Beatriz Álvarez Gallardo
2 min
Internacional21-04-2014
Nigeria es la economía más potente de África, debido sobre todo a sus grandes exportaciones de crudo. El “oro negro” nigeriano es de tan preciada calidad que son las grandes multinacionales, como Shell, Texaco y Chevron las que se encargan de su tratamiento desde el momento de la extracción hasta el envío al extranjero. No obstante, los beneficios de esta ingente producción no han revertido en la sociedad, quien lo que sí constata es cómo las playas del delta del Níger se llenan de un cieno negro y aceitoso. Como en la mayoría de los países del continente, las luchas por el control de los recursos naturales protagoniza la tensión política y social.
Pero en Nigeria el problema es aún más grave. A estas pugnas económicas se une un problema social de fondo, una fortísima rivalidad religiosa. Esto se explica en buena medida porque Nigeria es el país más poblado de África, con casi 170 millones de habitantes de características muy diversas. No en vano, la nigeriana es una sociedad en la que conviven más de 200 etnias distintas, como consecuencia de una construcción estatal artificial fruto de la colonización y posterior descolonización inglesa del territorio. Así, tradicionalmente se han producido conflictos y tensiones entre musulmanes, ligeramente superiores en número y concentrados en las zonas del norte del país; y cristianos, mayoría en el sur. Sin embargo, estos problemas han empeorado de forma notoria desde hace una década, con la aparición de una milicia terrorista que abraza los postulados del islamismo más radical: Boko Haram, “La Educación Occidental es Pecado”, en dialecto hausa. En estos diez años, se han sucedido los ataques a las fuerzas gubernamentales y a todo signo de cultura occidental. Lógicamente, entre los objetivos prioritarios se encuentran también los templos y comunidades cristianas. Desde 2011, 800 cristianos han sido asesinados en Nigeria, y se han perpetrado más de 400 ataques contra templos e iglesias cristianas. El clima social se deteriora aún más cuando los cristianos, lejos de relegarse a la posición de víctimas, responden a los ataques, llevando incluso la iniciativa de las agresiones en alguna ocasión. Maiduguri, además de ser la ciudad natal del grupo Boko Haram, acoge también a la diócesis cristiana más grande de Nigeria. El padre Gideon Obasagie, jefe de Comunicaciones de la Diócesis, revela que desde 2009, 500 cristianos han sido asesinados en el territorio; más de una quinta parte de ellos en los últimos meses, desde que se decretara el estado de excepción en mayo de 2013. La tragedia es mayor si la observamos en toda su dimensión: familias desestructuradas, que en muchos casos pierden al miembro que aportaba la fuente de ingresos principal. Ataques a escuelas, iglesias, seminarios, cines, bares, y todo lo que recuerde remotamente a Occidente o al pasado colonial inglés. La actividad de Boko Haram ha obligado a más de medio millón de personas a desplazarse dentro de las fronteras nacionales, mientras que ha empujado a otras 57.000 al exilio definitivo. En muchos casos, estos desplazamientos han dejado abandonadas zonas de cultivo, lo que a su vez pone en peligro la seguridad alimentaria de ciertos enclaves. A todo ello se une la brutal represión del ejército nigeriano. Recientemente, Amnistía Internacional y la ONU han denunciado la violencia ejercida por las fuerzas armadas en su lucha contra el terrorismo: torturas, detenciones arbitrarias y ejecuciones extrajudiciales. Violaciones de los Derechos Humanos que no hacen sino exacerbar el problema llevando al límite la seguridad civil en el país y dificultando la paz y la solución al conflicto.





