Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

Nigeria

El yihadismo de Boko Haram deja más de 3.600 muertos desde 2009

Por Beatriz Álvarez GallardoTiempo de lectura5 min
Internacional20-04-2014

Nigeria es uno de los países más importantes de África. Con casi 170 millones de habitantes, es su estado más poblado. Cuenta con ingentes recursos naturales, entre ellos, una espectacular reserva de petróleo. De hecho, es el octavo procurador de petróleo del mundo y el primero de África, lo que lo convierte en el segundo país más rico del continente. Por ello, su situación interna reviste una importancia especial, por las potenciales consecuencias e influencia en los territorios a su alrededor.

Desde 2010, aproximadamente, esta situación interna ha sufrido un deterioro preocupante, a causa de la actividad terrorista de Boko Haram, un grupo yihadista fundado en Nigeria y que opera casi exclusivamente dentro de sus fronteras. “Boko Haram” se traduce de lengua hausa como “La Educación Occidental es Pecado” (“boko” es una derivación irregular del inglés book, que se remonta a la ocupación colonial inglesa de Nigeria; y “haram” es el término que designa al pecado en la sharia o ley islámica). Su virulento radicalismo contra todo principio occidental hace que éste sea el apelativo más popular y difundido del grupo, junto con el calificativo de “talibanes africanos”. Pese a ello, su nombre oficial, con el que sus propios miembros se autodenominan, es otro: Grupo Suní para la Predicación y el Yihad. Boko Haram se fundó en 2001 por el influyente predicador Mohamed Yusuf, con un único objetivo: derrocar al gobierno nigeriano para sustituirlo por un Estado Islámico en el que se aplicara puramente la sharia. Es preciso tener en cuenta que, en el mundo musulmán, la sharia no se limita a enumerar una serie de mandamientos y prohibiciones, sino que es un tratado minucioso sobre la moral y la conciencia del buen musulmán y regula todos los ámbitos de la vida, social y privada, discriminando lo que es bueno y malo a ojos del Islam. Entre los pecados condenados por la sharia se encuentran el adulterio, la homosexualidad, las relaciones con infieles (kafir o no musulmanes), la desobediencia de las mujeres al padre o al esposo, el incumplimiento por parte de éstas de las normas de vestimenta, el robo o los asaltos. Sin embargo, a diferencia de los textos del Corán, la sharia no constituye un dogma de fe, por lo que los distintos estados musulmanes deciden aplicarla o no, y en qué grado. Arabia Saudí, por ejemplo, se cuenta entre los que se rigen por un cumplimiento puro y estricto de la ley islámica; a diferencia de otros como Egipto, Marruecos, Pakistán y la mayor parte de los territorios del Magreb y de Oriente Medio, más laxos. La ley islámica es oficial en 12 de los 36 estados de Nigeria El caso de Nigeria es más complicado. Su población se divide casi a partes iguales entre musulmanes, ubicados en los estados norteños; y cristianos, mayoría en el sur junto con diversos credos animistas. Además de las tradicionales tensiones entre ambos colectivos, en el año 2000 se produjo un hecho que favoreció la proliferación del radicalismo y terrorismo islámico: cuando, después de cuarenta años de conflictos y regímenes militares, la democracia se asentó en el país, con el objetivo de aplacar los ánimos de algunos colectivos musulmanes, las nuevas autoridades concedieron a ciertos estados septentrionales la potestad de aplicar la sharia en sus territorios. En la actualidad, la ley islámica es oficial en 12 de los 36 estados que conforman Nigeria, exactamente un tercio del país. Lejos de calmar los ánimos, esta decisión hizo que rápidamente surgieran partidarios de extender esa realidad a todo el territorio, a fin de construir un auténtico Estado Islámico en Nigeria. Partidarios que, además, respondían a las vertientes más rigoristas de la interpretación musulmana. Mohamed Yusuf y Boko Haram se enmarcaban dentro de esta doctrina. Al igual que la mayoría de grupos islamistas, Boko Haram inició su actividad por medio de un servicio de ayudas a musulmanes necesitados, lo que los dotó de altos niveles de legitimidad entre la población. Todavía hoy la organización terrorista destina gran parte de sus recursos a diversas labores de caridad. Todo ello contribuye a que cuente con una nutrida y sólida base de apoyos. Aunque el hermetismo del grupo no permite conocer con exactitud su estructura interna, se calcula que lo componen entre 300 y 500 miembros permanentes, reclutados sobre todo entre estudiantes de clase media. Tras el asesinato de su líder, Mohamed Yusuf, Bokom Haram volvió a resurgir Su creciente prestigio dotó de fuerza y convencimiento a los postulados de Boko Haram, que fue adquiriendo tintes cada vez más radicales hasta asumir la lucha armada en 2003. A partir de este momento, se sucedieron atentados contra comisarías de policía y diversas instituciones gubernamentales; hasta que, en 2009, una tan ambiciosa como sangrienta operación de las fuerzas armadas nigerianas asestó un golpe aparentemente mortal al grupo: un asalto contra su sede principal en Maiduguri, que acabó con la vida de un millar de sus militantes, entre ellos su líder, Mohamed Yusuf. No obstante, este ataque no supuso el fin de Boko Haram, sino más bien al contrario: un nuevo comienzo. Analistas expertos aseguran que el ataque del gobierno constituyó un punto de inflexión para la organización, que a partir de ese momento abrazó abiertamente el yihadismo e inició sus contactos con Al Qaeda. Precisamente, Osama Bin Laden había anunciado cinco años atrás, en un comunicado de 2004, que Nigeria era “uno de los países más preparados para el Yihad”. Su predicción parecía ajustarse a la verdad. Desde 2009, y bajo el nuevo mando del lugarteniente de Yusuf, Abubakar Shekau, la actividad de Boko Haram agudizó su radicalismo y amplió el espectro de potenciales objetivos: a las tradicionales influencias occidentales, instancias gubernamentales y templos cristianos se añadieron medios de comunicación críticos, e incluso comunidades islámicas en desacuerdo con los postulados del yihadismo radical. Se estima que, desde 2009, Boko Haram se ha cobrado la vida de más de 3.600 personas, convirtiéndose así en el grupo terrorista más letal de África. En los últimos años, la situación ha experimentado un deterioro progresivo. Boko Haram ha demostrado una operatividad militar cada vez mayor, y ha comenzado a emplear artefactos explosivos improvisados. También sus acciones han cobrado una mayor dimensión e importancia: buena muestra de ello son los atentados contra el Cuartel General de la Policía Federal en junio de 2011, y contra la sede de las Naciones Unidas en la capital, Abuja, el 26 de agosto del mismo año, que dejó 26 fallecidos y más de 80 heridos. El aumento de la tensión obligó al gobierno a decretar un estado de excepción en tres estados federados del norte el 14 de mayo de 2013, que aún se mantiene. La ONU calcula que durante este periodo Boko Haram habría acabado con más de 1.200 vidas. Recientemente, el grupo ha reclamado la autoría de atentados contra diversas escuelas y emplazamientos públicos de Nigeria. Mientras tanto, el ejército se afana en controlar las fronteras para evitar que el yihadismo de Boko Haram se expanda a países colindantes, potenciales nichos de captación de nuevos militantes y terroristas.