Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

UCRANIA

Las protestas ucranianas provocan una crisis política internacional

Por Beatriz Álvarez GallardoTiempo de lectura3 min
Internacional03-03-2014

La espiral de violencia ucraniana ha llevado a la comunidad internacional a las puertas de una crisis diplomática de enormes dimensiones. Lo que comenzó el pasado 21 de noviembre con una manifestación estudiantil de apenas 2.000 universitarios, se ha convertido en el escenario del último choque entre Rusia y Occidente.

Hasta la fecha, las consecuencias de la oleada de protestas europeístas, conocida como Euromaidán, dentro de la propia Ucrania, pasan por el derrocamiento de un gobierno y de su presidente, Victor Yanukovich, quien se encuentra en busca y captura y denunciado ante el tribunal de La Haya por crímenes de lesa humanidad; el nombramiento de un gobierno interino presidido por Alexander Turchinov; y más de un centenar de fallecidos entre ciudadanos y agentes de seguridad. En el ámbito internacional, las posibles consecuencias se perfilan aún más inquietantes. Los más catastrofistas, como el primer ministro polaco, Donald Tusk, temen el estallido de una tercera guerra mundial, al advertir que esta crisis cuenta con las características necesarias para convertirse en un conflicto “que afecte a todos los países”. Los episodios más recientes, protagonizados por la ocupación rusa de Crimea y las amenazas de Estados Unidos, han reavivado el clima de la Guerra Fría en las relaciones internacionales. Jonathan Marcus, de la BBC, afirma que el modus operandi de Rusia en este conflicto calca las pautas de actuación soviética del pasado siglo: denuncias políticas de la vulnerabilidad de la población rusa en algún punto, amenazas de índole económica, como la instauración de nuevas aduanas entre Rusia y Ucrania; apoyadas por acciones militares abiertas, como la ocupación de Crimea. Esto último ha terminado por decidir a los países occidentales. El presidente estadounidense, Barack Obama, sorprendía el viernes al comparecer públicamente para condenar la actitud rusa, después de que el país intentara mantenerse lo más al margen posible precisamente para no provocar un conflicto con la superpotencia euroasiática. Uno tras otro, los países occidentales se han sumado a esta condena, y muchos de ellos, como Estados Unidos y Reino Unido, han suspendido su participación en las reuniones preparatorias para la cumbre del G8, prevista para junio en Sochi, Rusia. Los disturbios ucranianos, por tanto, han pasado de ser un asunto nacional a un pico de tensión diplomática, que ha hecho que el mundo hable de nuevo de “bloques”. El futuro del conflicto depende en este momento de la actitud que adopten ambos bandos, o bien una progresiva relajación de la tensión, que tendrá que cumplir con el requisito previo de desocupar Crimea, exigido por Estados Unidos; o un aumento de la tensión y la hostilidad, con sus respectivas consecuencias, impredecibles a día de hoy. De entrada, el presidente del Senado ruso ha expresado este fin de semana la conveniencia de expulsar al embajador estadounidense de Moscú, en respuesta a las amenazas de Obama. La crisis ha desplazado el foco de atención del origen, del Euromaidán ucraniano. El debate sobre la adhesión a la Unión Europea ha dejado de ser una prioridad en un país devastado por las revueltas, en el que se vive un clima que ha sido definido por algunos de los enviados diplomáticos a la zona como de “preguerra civil”. Por su parte, la Unión Europea debate este lunes la respuesta a las acciones de Rusia, pero ni los representantes europeos ni el nuevo gobierno interino ucraniano se han pronunciado sobre una intención firme de concluir el proceso de incorporación de Ucrania a la UE.