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UCRANIA

Los ucranianos descontentos apoyan el acercamiento del país a la UE

Por Beatriz Álvarez GallardoTiempo de lectura4 min
Internacional02-03-2014

“Euromaidán”. Es el nombre con el que se conoce a las recientes protestas europeístas que han tenido lugar en Ucrania y que han desatado toda una crisis internacional en los últimos días. No obstante, es un error considerar la pertenencia a la Unión Europea como única razón de ser y objetivo de las revueltas. El problema es mucho más complejo.

Su emplazamiento geográfico ha hecho de Ucrania un punto estratégico de interés vital para las grandes potencias internacionales, especialmente desde la caída de la URSS en 1991. Se trata, junto con Moldavia, de la frontera occidental del bloque soviético y del anterior Imperio Ruso. Un lugar, por tanto, en el que confluyen diversas culturas, etnias y credos religiosos. No obstante, no fue el Imperio Ruso quien invadió el territorio, sino más bien al contrario. Los orígenes del dominio ruso sobre Ucrania comenzaron cuando los cosacos ucranianos, en su intento de repeler el acoso polaco, solicitaron la protección del zar. A partir de ese momento, el territorio se integró como una parte más del Imperio hasta 1991, fecha de nacimiento de la actual República de Ucrania. Fruto de esa relación, Ucrania guarda importantes semejanzas culturales y mediáticas con su vecina Rusia, vinculadas especialmente por el idioma. La lengua oficial del país es el ucraniano, pero más de la mitad de la población habla ruso como lengua materna. La presencia industrial de la superpotencia es muy importante en la parte oriental de Ucrania, y la mayoría de la población es de etnia rusa. Todo ello ayuda a explicar la fuerte vinculación de ambos países en términos de política internacional. Ucrania ha pertenecido tradicionalmente a la órbita rusa. No obstante, su emplazamiento geoestratégico ha llevado al resto de potencias a querer atraerla hacia sí. Ejemplo de ello es el interés de Estados Unidos por que Ucrania entre en la OTAN, o las más recientes presiones para convertirse en integrante de la Unión Europea. En este marco, el gobierno ucraniano, presidido por Victor Yanukovich, alcanzó un acuerdo el 30 de marzo de 2012 para que finalmente Ucrania se adhiriera a la UE. La firma del acuerdo estaba prevista para el 29 de noviembre de 2013, durante la cumbre de la UE en Vilnius, Lituania. Sin embargo, el día anterior Yanukovich anunció que la firma no iba a producirse, y adujo como causa los daños económicos que Ucrania estaba sufriendo en su intento de adaptarse a los requisitos europeos, así como el deterioro de las relaciones con el resto de repúblicas exsoviéticas que estaba provocando dicho preacuerdo, especialmente con Rusia. Cabe mencionar que, no ya en términos económicos sino políticos, la UE había exigido a Ucrania como requisito previo a su adhesión que resolviera sus graves problemas estructurales relacionados con la corrupción, el desgaste de la democracia y el cumplimiento de la ley. En concreto, se exigió la excarcelación de la exprimera ministra Yulia Tymoshenko, quien cuenta con los apoyos necesarios para presentarse a las elecciones presidenciales de 2015. Yanukovich alejó a Ucrania de la Unión Europea El anuncio de Yanukovich de aplazar la firma de la adhesión a la UE fue lo que desató las protestas. Si bien las primeras manifestaciones se redujeron al ámbito universitario, el descontento generalizado de la población encontró su detonante en la represión que el gobierno aplicó a estas reivindicaciones estudiantiles. La causa europeísta se vio entonces arropada por una población cansada del clima corrupto y el deterioro de instituciones procedentes del sistema soviético. Desde entonces, la gravedad de los disturbios ha aumentado de forma exponencial, hasta alcanzar sus más trágicas consecuencias el pasado 20 de febrero, conocido ya como “Jueves Negro”, que dejó más de 60 fallecidos. Dos días después, el parlamento depuso a Yanukovich, que se encontraba fuera de la capital en un congreso de diputados en el este del país. El presidente destituido ha denunciado un golpe de Estado, versión que cuenta con el apoyo de Rusia. No obstante, el parlamento ucraniano ha lanzado una orden internacional de busca y captura contra el expresidente, y lo ha denunciado por crímenes de lesa humanidad en la Corte Penal Internacional de La Haya. Actualmente, Ucrania se encuentra en manos de un gobierno interino presidido por Alexander Turchinov. Rusia no ha reconocido dicho gobierno, al considerar a Yanukovich como único dirigente legítimo. La tensión entre ambos países se ha materializado en la península de Crimea, al este del país, en la que recientemente se han movilizado tropas rusas para, según Rusia “proteger a la población rusófona de la región”. Ucrania ya ha declarado la movilización de “ocupación” y ha acusado a Rusia de no respetar la integridad territorial ni la soberanía ucranianas.