UCRANIA
Moscú aprueba la intervención en Ucrania para "mantener la paz"

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, en una reciente reunión de trabajo (©foto: Federación de Rusia)
Por Andrea Muñoz Martín
3 min
Internacional02-03-2014
Rusia ha movido ficha: la intervención en Ucrania es inminente. El presidente ruso, Vladímir Putin, ha pedido permiso al Parlamento para autorizar la entrada de tropas rusas en el territorio ucraniano, hecho que se produjo después de que el presidente del Consejo de Ministros de Crimea, Serguéi Aksiónov, rogara ayuda al Kremlin para "mantener la paz” en el territorio. La respuesta de Moscú no se hizo esperar.
“Debemos garantizar la seguridad de nuestros ciudadanos que viven en Ucrania, para ayudar al pueblo hermano con el fin de estabilizar la situación”, argumentó Valentina Matviyenko, presidenta de la Cámara Alta rusa, que alegaba que los habitantes de Crimea tenían derecho a “decidir sobre su propio futuro”. Tras convocar una sesión extraordinaria en la que no se alzó una sola voz discordante, el Senado ruso aprobó por mayoría absoluta la entrada de las Fuerzas Armadas en Ucrania. El país eslavo había cantado victoria demasiado pronto. Si el pasado 22 de febrero se daba prácticamente por finalizada la situación de violencia en Kiev, con la destitución del entonces presidente prorruso, Victor Yanukóvich, ahora el foco de tensión se ha trasladado a Crimea, un territorio peninsular al sur del país que constituye la única república autónoma de Ucrania y es, a su vez, la principal sede de la flota rusa en el mar Negro. Tras la caída de la Unión Soviética y su posterior desintegración, en 1991, Ucrania y Rusia firmaron un acuerdo por el cual la base de Sebastopol –Crimea- podría seguir siendo utilizada por Moscú durante los siguientes veinte años (pacto que se ha ido renovando). Como consecuencia, el 70% de las bases marítimas rusas con salida al mar Negro se encuentran en esta península, algo que ha sido motivo de tensión constante entre ambos países. Todo comenzó el jueves 27 de febrero, cuando cincuenta hombres armados ocuparon el Parlamento de Crimea y se alzaron como “defensores de los ciudadanos rusos” en el territorio. Con el trascurso de las horas, el flujo de “tropas no identificadas” –que utilizaban vehículos militares con la bandera rusa- fue creciendo. Sin embargo, la ocupación de dos aeropuertos y la ilícita vigilancia de edificios oficiales en la península no parecen preocupar a la población –formada por dos millones de personas que se encuentran más cerca de Moscú que de Kiev-, sino todo lo contrario. Bajo el grito de “Viva Rusia”, los ciudadanos –que consideran “ilegítima” la actual autoridad ucraniana- han salido a las calles para celebrar la decisión del Kremlin. Desde Kiev, el primer ministro del país, Arseni Yatseniuk, ha descartado utilizar –al menos de momento- la fuerza para afrontar la estrategia de Rusia, aunque ha tachado de “provocación” la actuación del país vecino. Aunque ha advertido de que “si se produjera una agresión, significaría la guerra y cesarían todas las relaciones con Rusia”. La presencia de las tropas rusas es, según Yatseniuk, “inadecuada” e “inaceptable”. El recién elegido primer ministro ha aprovechado para avisar a Putin de que “deberá afrontar su responsabilidad” si no pone fin a la intervención. Por su parte, el ministro de Defensa ucraniano ha ordenado poner en alerta de combate a sus unidades y ha movilizado a sus reservistas. Como era de esperar, las reacciones internacionales ante la creciente tensión en el país eslavo no se han hecho esperar. Tanto Estados Unidos como la Unión Europea están uniendo fuerzas ante lo que consideran un “desafío” y una “violación de la legislación internacional” por parte de Rusia, que alega que solo trata de “proteger a sus ciudadanos”.





