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TEATRO

La reconquista de Els Joglars

Por Pedro Plasencia MartínezTiempo de lectura2 min
Espectáculos17-10-2013

La mítica compañía teatral Els Joglars, creada a principios de los años sesenta en Cataluña, vuelve a su tierra materna después de siete años. Las artes escénicas tienen el privilegio de volver a acoger a este grupo de comediantes independientes, maestros del humor y la ironía. El regreso se produce sin la presencia del antiguo director, Albert Boadella, quien ha preferido elegir un exilio voluntario ante los abusos de los nacionalistas. La nueva dirección le corresponde ahora a Ramon Fontserè, actor dramático que pertenece a la compañía desde 1983.

La vuelta se produce con la adaptación de El coloquio de los perros, una obra de Miguel Cervantes que versa sobre la hipocresía de la condición humana mediante un inteligente diálogo salido de las bocas o, mejor dicho, hocicos de dos perros, Cipión y Verganza. Con esta pieza ya son tres las interpretaciones cervantivas en las que los juglares se han basado, siendo las anteriores El retablo de las maravillas y En un lugar de Manhattan. La obra se presentará mañana en el Festival Temporada Alta de Girona, después de haber sido estrenada en mayo en el Teatro Clásico de Madrid. Se espera que tras la actuación prevista el grupo inicie una nueva gira a principios de año en el municipio barcelonés de Torelló. El público espera con impaciencia comprobar los efectos de este cambio en el timón, aunque Fontserè no se muestra demasiado preocupado: "Quizá el desdoblamiento de ser el director y de actuar me ha hecho vivirlo con la tranquilidad de conocer cada detalle, cada movimiento". Según la actriz Dolors Tuneu, el momento del regreso no es casual, el grupo teatral se decidió al comprobar que ya no había rechazo, "de todos modos, la ausencia de Joglars en los teatros catalanes era el resultado de un obstáculo: no nos contrataban". Con estas palabras parece que queda enterrada el hacha de guerra, un arma antes afilada por la intolerancia de la política catalana. Con El coloquio de los perros la formación vuelve a hacer uso de su lenguaje crítico, ésta vez en tono picaresco con incontables sugerencias. El propio Fontserè lo ha explicado de la siguiente forma: "En la obra, los humanos se presentan con máscaras, son personajes más animales y grotescos en la interpretación y usan un lenguaje más simple. Mientras que los perros se expresan con un lenguaje cervantino más complejo que el humano, El coloquio es una crítica al bípedo racional, sus miserias y sus hipocresías".