BRASIL PROTESTAS
Brasil no cesa en sus protestas aunque las autoridades dan marcha atrás
Por Selene Pisabarro
3 min
Internacional20-06-2013
El 10 de junio comenzaba en Brasil una protesta por el aumento de la tarifa de transporte público. Aunque el punto neurálgico era Sao Paulo, inmediatamente se extendió a otras ciudades, donde los ciudadanos se agrupaban en contra de la desigualdad social o la corrupción, entre otros motivos. Las redes sociales, al igual que sucedió en Turquía o con la Primavera Árabe, vuelven a ser el fenómeno intensificador de las concentraciones.
Todo comenzó cuando los brasileños salieron a las calles para protestar contra el aumento del 6’67 % en junio de la tarifa de transporte público en Sao Paulo, que es la más cara del mundo. Rápidamente, se extendió al resto del país y los motivos para rebelarse aumentaron: la corrupción, los gastos millonarios para organizar el Mundial de 2014 y la Copa Confederaciones, la falta de servicios sociales o el rechazo a la represión policial alentaron a los ciudadanos a manifestarse. Supone la mayor oleada de concentraciones en más de 20 años, no ocurría desde que en 1992 la población pidió la dimisión del, por entonces, presidente Fernando Collor de Mello y que, además, ahora cuentan con el ingrediente de que se han organizado mayormente mediante campañas en las redes sociales. Especialmente, el jueves pasado se vivieron jornadas tensas cuando numerosos manifestantes asaltaron las sedes del poder como el Congreso Nacional en Brasilia, la Asamblea Legislativa en Río de Janeiro, donde se lanzaron bombas molotov, y el Palacio Bandeirantes en Sao Paulo, que es la sede del gobierno provincial. A la hora en que los trabajadores vuelven a casa, los manifestantes se concentraron en las principales calles de Sao Paulo y encendieron pequeñas hogueras para impedir el paso de la policía. El resultado se tradujo en decenas de heridos y más de 150 detenidos por la represión en las marchas, multitud de calles bloqueadas por la afluencia de personas y el tráfico detenido. Este lunes, unas 240.000 personas se manifestaron en al menos 12 ciudades del país en contra de la corrupción y los gastos del gobierno en acontecimientos deportivos. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, desde que fue elegida para el cargo en 2011, ha contado con el apoyo de la población, aunque ahora su popularidad está descendiendo y, con la tensión que se está viviendo en el país, el sábado fue abucheada en la inauguración de la Copa Confederaciones. El martes, durante un discurso en Brasilia, declaró que con estas protestas es evidente que Brasil es más fuerte y sus ciudadanos reflejan la energía de la democracia. Añadió que es bueno ver a los jóvenes y a los adultos juntos por una misma causa y orgullosos de sentirse brasileños. Para Rousseff, el pacifismo de las concentraciones muestra que la seguridad pública trata correctamente a los que se quieran manifestar libremente aunque, evidentemente, hay personas que realizan actos violentos que se deben castigar con la ley. Los manifestantes ya han asegurado que no cesarán, que las manifestaciones son el comienzo y la única forma de oponerse a lo que no es justo. El gobierno ha anunciado que el único fin de los actos deportivos que se van a celebrar es mostrar mundialmente que Brasil es una potencia emergente. El desempleo se encuentra en niveles mínimos históricos pero el crecimiento económico se ha reducido y la inflación es muy elevada para lo que se ha propuesto el Ejecutivo. Por otra parte, cada vez se reflejan más la desigualdad social y la falta de recursos, que son imposibles de ocultar. Los ciudadanos han decidido reclamar que no se destinen grandes cantidades de dinero procedentes de las arcas públicas para los próximos eventos deportivos y que se empleen en las grandes necesidades del país. Además de todo lo deportivo, Brasil también deberá organizar la llegada del papa Francisco en julio, cuando se reunirán más de dos millones de personas de todos los lugares para celebrar la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro.





