TOROS
Alejandro Talavante se reconcilia con la puerta grande de Madrid
Por Almudena Hernández
2 min
Espectáculos25-05-2013
Alejandro Talavante llegó a Las Ventas, toreó valiente y sabio a un mansote encastado de Victoriano del Río que contagió gran emoción al público, mató entregándose en la estocada y cortó dos orejas. Y con todo ello se reconcilió con Madrid, aunque luego algunos le castigaron con la sufrida gloria de la puerta grande, el máximo premio al que se puede optar en la primera plaza del mundo.
Alejandro Talavante llegó a Las Ventas, toreó valiente y sabio a un mansote encastado de Victoriano del Río que contagió gran emoción al público, mató entregándose en la estocada y cortó dos orejas. Y con todo ello se reconcilió con Madrid, aunque luego algunos le castigaron con la sufrida gloria de la puerta grande, el máximo premio al que se puede optar en la primera plaza del mundo. La tarde del 24 de mayo de 2013 pasará a la historia de la tauromaquia por marcar en la biografía de Alejandro Talavante su cuarta salida en volandas de la monumental madrileña. Después de no tocar pelo en su encerrona con seis victorinos en el mismo coso hacía apenas siete días, el torero extremeño se ha reconciliado con la afición madrileña con un talante de figura, una actitud de novillero y una templanza a la altura de un artista consagrado. El Talavante de los Victorianos es un torero maduro cuya sombra fue el diestro de espíritu cárdeno que se encerró con victorinos en el ruedo capitalino. La tarde también sirvió de prueba irrefutable de que el escalafón tiene grandes figuras del toreo y que lo son por algo: por la templanza y el pellizco de José María Manzanares, cuyas tandas ligadas y cambios de mano valen un potosí (y en Madrid le valieron la oreja del segundo victoriano del festejo, el más manejable de la tarde, y al que mató recibiendo); y por la entrega y la alegría de Sebastián Castella, con su sabor de toreo añejo, y porque sus cites de lejos y tandas acompasadas también son para enmarcar (junto a esa oreja que se le pidió tras la faena al cuarto del encierro). El tono triste del festejo llegó con el toro que cerró plaza. La puerta grande ya estaba abierta y la gente que llenó los tendidos estaba imaginándose en ella. Pero en el tercio de banderillas, uno de los toreros de plata de la cuadrilla de Talavante, Valentín Luján, fue cogido de mucha gravedad en el abdomen. Mientras se le operaba en la enfermería, su matador luchaba contra las turbas en la deseada puerta grande con la que volvió a enamorar a Madrid.





