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ARTE

Punk y grafitis en las calles de Washington

Por Cristina González BoyarizoTiempo de lectura2 min
Cultura02-04-2013

Grafitis, vinilos, pósteres y fanzines decoraban las calles de la capital estadounidense, Washington D.C. en la década de los 80, cuando la ciudad era conocida como el rincón del crimen, ahora ese ambiente de revuelta social se traslada al Museo Corcoran , emplazado allí, para abrir al público la exposición Pump me up, la subcultura de Washington D.C. en 1980. Aquí se darán cita desde el 1 hasta el 7 de abril las escenas más punk, el género gogó y pintadas características en aquellos años de dinámico desenfreno cultural.

En 1980, la Washington que fuera sede del Tribunal Supremo, el Congreso y la residencia presidencial era también el rincón con mayor cantidad de homicidios y violencia del país. Droga y corrupción eran las sombras de cada esquina que campaban a sus anchas por los rincones, convirtiéndose en el pan de cada día, hasta el punto de verse como algo común y cotidiano en todos los estratos sociales. Como consecuencia de este ambiente viciado, los precios de locales eran bajos e incluso se veían muchos almacenes abandonados. Los jóvenes podían hacer siempre lo que querían, bueno o malo, de ahí se derivó el germen del hard -core, punk y go-go en la zona. Como contexto de la vibrante situación, de 1979 a 1991 Marion Barry ocupó la alcaldía del Distrito de Columbia, un conocido político afroamericano que luchó por los derechos civiles y lanzó el programa de empleo de verano para los jóvenes del lugar. Pasados algunos años de comenzar su mandato, Barry fue sorprendido con su amante en un hotel y arrestado por consumo de crack. Roger Gastman, historiador del grafiti y coordinador de la muestra explica que “fue una época en que triunfaba el refrán “hazlo por ti mismo”, el lienzo era la pared y la calle el escenario”. Precisamente fue entonces, en plena “movida americana”, cuando surgió el go-go, ese estilo musical que mezclaba funk, jazz y blues y que se convertiría en característica inequívoca de la chocolate city apodada así por su alto porcentaje de población negra. Este tipo de música contaba con exponentes míticos, como los Soul searchers de Chuck Brown. A la par brotó entre la ciudadanía blanca la escena hard-core y punk que dio lugar a conjuntos como Minor threat, Fugazi o Bad brains. Ambos colectivos coincidían y se reunían de ven en cuando en locales tan míticos como el 9:30 club emplazado al noroeste, pero no se relacionaban más allá de esto. “Pienso que el sector dedicado al hard-core estaba más interesado en el segmento go-go que al revés”, añade Gastman mientras recorre cada rincón del museo observando los objetos y fotografías de la exposición, muchos de los cuales provenientes de su propia colección, ya que se crió allí. Gastman, quien además se mudó a Los Ángeles a principios del S XX y ahora vuelve al hogar de su infancia, termina puntualizando “para bien o para mal la ciudad de hoy no tiene nada que ver con la de antes” Pump me up trata de recrear aquellos tiempos que conformaron la identidad de Washington D.C. con su locura, espontaneidad e ilegalidad, ciudad que cambió hasta volverse irreconocible, inundada por la incesante actividad inmobiliaria y urbanística fruto del cambio demográfico y la expansión de las oficinas gubernamentales en los últimos años.