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ELECCIÓN PAPA

El Papa se enfrenta al reto de una Iglesia en crisis

Por Chantal SalomTiempo de lectura3 min
Sociedad14-03-2013

En un mundo cada vez más secularizado donde la religión, como denunció en numerosas ocasiones el Papa Benedicto XVI, se pretende relegar al ámbito privado, el 226 sucesor de san Pedro, Francisco I, deberá trazar las líneas para recuperar ese espacio y tendrá que contar con una mayor participación laica. El Pontífice deberá proseguir con el desarrollo del Concilio Vaticano II y potenciar el ecumenismo en aras de la unidad de los cristianos.

Si algo ha destacado en los últimos meses, es la crisis por la que está atravesando la Iglesia. En el origen se sitúan los escándalos que estallaron durante el pontificado de Benedicto XVI, como el de los abusos sexuales o el caso “VatiLeaks” de filtración de documentos confidenciales del pontífice, que desencadenó en desvelar una trama de abuso de poder en la Curia en el gobierno central del Vaticano. Otro problema fue el de un Papa de avanzada edad que no poseía el vigor joven que se necesitaba en esos momentos difíciles,lo que puso el punto final al pontificado de Ratzinger. La estabilización de la Iglesia requiere de importantes reformas. Todo ello, podría llevar a Francisco a simplificar estructuras, introducir nuevas maneras de tomar decisiones en forma collegial y, sobre todo, a hacer limpieza de las finanzas e imponer transparencia en la gestión del Instituto de Obras de Religión (IOR), el banco del Estado del Vaticano. Muchas de las bases de estas reformas las sentó Benedicto XVI, pero Francisco será el encargado de asegurarse de que finalmente se lleven a cabo. Pérdida de confianza y credibilidad En primer lugar, la Iglesia necesita recuperar su credibilidad como institución, elaborando una serie de normas claras, vigilando su personal y resaltando la unidad cristiana. Esta última es una necesidad primordial, ya que especialmente en el norte de Europa se está viviendo un gran problema de secularización. Sin embargo, también se ha producido un declive de feligreses en América del Sur, donde el Nuevo Papa deberá centrarse para recuperar el papel del catolicismo en las “Antiguas Colonias”. Para ello, uno de sus primeros acercamientos tendrá lugar en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) que tendrá lugar en Brasil. El contacto con la juventud es una baza importante ya que la fortaleza del credo católico depende fundamentalmente de su aceptación entre los jóvenes, entre los que la tasa de deserción en la Iglesia es la más alta. Escándalos sociales y "modernización" En segundo lugar, una de las tareas más urgentes es la de hacer frente a los escándalos sociales, aprendiendo cómo administrar la fuerza de trabajo, tarea que viene ligada a la necesidad de recuperar la reputación personal. Para este reto, la Iglesia tendrá que enfrentarse a una nueva "modernización" ideológica. Si bien esta institución no es uniforme ni homogénea en sus creencias doctrinales, lo cierto es que muchos sectores de la sociedad piden mayor apertura de la Iglesia en temas morales de la vida cotidiana, como el papel de las mujeres, donde se discute el celibato, o los métodos anticonceptivos. Benedicto XVI defendió el celibato sacerdotal y mantuvo cerradas las puertas del sacerdocio a los homosexuales, aunque concedió más dispensas que su predecesor a los clérigos para que se casasen. Otro punto es la escasez de vocaciones y la consiguiente disminución de sacerdotes, que se refleja en el aumento de dificultad para la evangelización ya que un único párroco debe encargarse de varias comunidades en una misma diócesis. Miradas al mundo islámico y China El nuevo Papa también deberá preocuparse por el mundo islámico, ya que está creciendo en Europa y discrimina a los cristianos. Las relaciones con el Islam sufrieron un retroceso con Benedicto XVI, tras recoger en un discurso la cita del emperador bizantino Manuel II Paleólogo en la que decía que “Mahoma no había traído nada novedoso excepto la orden de extender la fe mediante la espada”. A su vez, las relaciones se deterioraron como consecuencia de la decisión de revocar la excomunión al obispo que niega el Holocausto judío, tras declarar “venerable” a Pío XII, al que acusan de haber callado ante el Holocausto y la recuperación de la plegaria del Viernes Santo en la que se pedía la “conversion” de los judíos. También preocupa el caso de China, donde la libertad religiosa no es algo viable a día de hoy y por lo que la Iglesia deberá luchar para que este país pueda contar con una libertad de elección religiosa. Por todo ello, Francisco I deberá trabajar duro para recuperar el prestigio de la Iglesia y tratar de sacar a la misma de esta crisis moral y social en la que se encuentra.