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Balonmano

España se proclama bicampeona del mundo

Por Guille MelladoTiempo de lectura2 min
Deportes27-01-2013

España cumplió el sueño. La selección se proclama bicampeona del mundo, esta vez en casa. Los asistentes al Palau Sant Jordi pudieron ver a los "hispanos" recoger el oro. Esta vez es campeona con la mayor diferencia de goles de la historia. Una Dinamarca superada desde la defensa, golpeada en su línea de flotación con sus mismas armas, hundida, como en las dos ocasiones precedentes, en su tercera final mundialista. España, campeona del mundo por segunda vez.

Había ganas de revancha, de vendetta y de desquite. De todos los sinónimos uno detrás de otro y de todos juntos a la vez. Y el Palau Sant Jordi, lleno al fin, caliente como siempre debió ser, era la oportunidad perfecta, la justicia poética necesaria para hacer aún más grande una final que se presuponía más que difícil y que terminó siendo un pase militar, un entrenamiento con público, un ejercicio de perfección sin precedente. La venganza perfecta. España necesitaba la defensa 6-0 que destrozó a Serbia, que contuvo a Alemania y que humilló a Eslovenia. Esa misma defensa que dejó a los serbios en ocho goles en la segunda parte, a los alemanes en 10 en idéntico tiempo y a los eslovenos en nueve, funcionó en la primera parte como una máquina engrasada a la perfección. Blocaje, pase largo, transición, gol. Una vez detrás de otra. Pérdida tras pérdida de Dinamarca. Además, entre Antonio García -sorprendió Valero Rivera dando minutos al lateral desde el inicio al igual que con Joan Cañellas, auténtico motor en ataque-, Jorge Maqueda y los brazos de ambos, la primera línea también aportaba en el estático. Valero Rivera, Gedeón Guardiola, Viran Morros, Joan Cañellas... España ni siquiera tenía tiempo de realizar los cambios ataque-defensa. Las transiciones eran tan rápidas, fugaces más bien, que España mató el encuentro ya antes del descanso. Del 8-5 que igualaba la mejor diferencia hasta ese momento al 9-8 y, poco después, al 15-9. Un parcial de 6-1 en el que España erró tres contraataques seguidos y durante el que Niklas Landin detuvo otros dos balones. Si el resultado (18-10 al descanso) fue escandaloso, nadie quiere imaginar lo que pudo ser si Landin y Jannick Green no hubiesen estado bajo palos. Y, sin embargo, nada de ello hubiera sido capaz de conseguirlo España sin su seña de identidad, su espíritu y su alma en la pista. Esa defensa 6-0 de la que Viran Morros y Gedeón Guardiola son líderes y que todo el equipo refuerza en todas y cada una de las posiciones, incluyendo a un Arpad Sterbik que, si bien perdió su espacio en algunos tramos del mundial, hizo casi un 43% de acierto en la final y un José Manuel Sierra que entró con el encuentro decidido y quiso regalarse un par de intervenciones de calidad. El premio extra a una venganza perfecta, a una final perfecta. España, campeona del mundo. Suena bien. Y sabe mejor.