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Tribunales

Muere sor María, imputada por el caso del robo de bebés

Por Irene HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad24-01-2013

Cuatro días después de haber sido llamada a declarar por última vez ante el Juzgado por el presunto robo de bebés en clínicas madrileñas, la monja María Gómez Valbuena ha fallecido en Madrid. Ese día el juicio tuvo que ser aplazado después de que el abogado de la monja presentase dos informes médicos alegando problemas de salud, entre ellos, insuficiencia cardiorrespiratoria. Sor María ha muerto en el convento de las Hijas de la Caridad donde residía, sin revelar ninguna pista dar a las madres que la acusaban de robarles a sus bebés sobre el paradero de sus hijos.

El 12 de abril de 2012 fue cuando el juez Adolfo Carretero la citó a declarar como imputada por el supuesto robo de una niña nacida en 1982 en la clínica Santa Cristina de Madrid. Entonces sor María calló porque se acogió a su derecho a no declarar. No respondió a las preguntas del juez, pero esa misma tarde envió una nota a los medios de comunicación defendiendo su inocencia y asegurando que le "repugnaba" la separación de un bebé de su madre biológica. El pasado 18 de enero el juez la volvió a citar para declarar como imputada por un segundo caso de robo de bebés. En este caso eran las gemelas de Purificación Betegón, madre soltera, que dio a luz en la clínica Santa Cristina de Madrid en febrero de 1981. Pero la monja no acudió, presentando su abogado, José María Calero, un informe médico alegando motivos de salud. El nombre de sor María se repite entre las madres que hace 30 o 40 años salieron sin sus bebés del hospital convencidas de que había muerto, como les habían comunicado, o sospechando ya que se lo habían quitado. La religiosa trabajaba como asistente social en la clínica Santa Cristina y colaboraba en la de San Ramón, dirigida por el doctor Eduardo Vela, otro de los nombres que más se repiten en las denuncias por robo de niños. A ella acudían matrimonios de distintas partes de España frustrados por la dificultad de adoptar por los cauces tradicionales, embarazadas en apuros,, o jóvenes solteras que se habían quedado embarazadas a las que sus padres habían echado de casa al conocer la noticia. Purificación Betegón no ocultaba su decepción en el juicio al ver que la única persona que ella creía que podría ayudarle a encontrar a sus gemelas no acudiera a su cita con el juez. "Solo espero que Dios la perdone, porque yo no la voy a perdonar nunca", confesaba. María Luisa Torres, la madre responsable de la primera imputación de sor María, la recuerda así: “Yo estaba muy asustada y me tranquilizó. Me habló de guarderías. Confié en ella. Fue tejiendo una tela de araña hasta que me atrapó”. “Cuando me desperté tras el parto, ella era otra persona diferente. Tenía dos caras. Cruel, altiva. Se quedó con mi bebé. Me amenazó con quitarme a mi otra hija, por adúltera”.