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LITERATURA

Paulo Coelho: "No puedo escribir sin el contacto humano"

Por Cristina González BoyarizoTiempo de lectura3 min
Cultura21-11-2012

Paulo Coelho presenta su nuevo libro El manuscrito encontrado en Accra, un emocionante viaje donde el lector hará frente a los grandes interrogantes del hombre actual, los mismos de los filósofos de antaño. Coelho llega al interior del individuo en donde lo mágico no es la respuesta, sino la pregunta común a todos.

Además de ser miembro de la Academia de las Letras, con más de 140 millones de ejemplares vendidos, y Mensajero de la Paz con la ONU, Coelho es alguien sencillo y cercano que desnuda un pedacito de su alma ante los medios en el Hotel Intercontinental de la capital española. Sorprende la gran importancia que da a las redes sociales. Con más de 17 millones de adeptos en Facebook y Twitter, confiesa que escribe “para ser leído y no puedo hacerlo sin el contacto humano, quiero que mis seguidores, a quienes considero amigos, sepan que vida tengo”. Coelho aclara que, pese a no obtener beneficios económicos twiteando o escribiendo en su blog, le basta la satisfacción de saberse conectado con la sociedad, para él lo es todo esa sensación de compartir sus pensamientos. Sigue conservando la ilusión de un niño cada vez que publica un libro nuevo. No entiende porque los literatos actuales desprestigian tanto la comunicación cibersocial, siendo para él un pilar fundamental que permite adaptarse a los nuevos tiempos. De hecho, es esta ansia por darse a conocer la que le empujó a trazar las líneas generales de su último trabajo, “llegó un momento en que me dije: de acuerdo, hay un tremendo avance tecnológico acompañado de la absoluta ausencia de valores, tengo que rescatarlos y hacer saber a la gente que sus inquietudes siguen siendo las mismas de hace cinco mil años”. Plantea interrogantes básicos, pero se abstiene de dar respuestas, para él, la magia de la vida está en la pregunta. El libro gusta no por aportar soluciones, sino porque comparte con la sociedad una inquietud común. Su última novela, curiosamente, es una especie de homenaje a El profeta, de Khalil Gibran. El tratamiento es muy similar: una historia realmente recomendable, el protagonista descubre que su alma es más sabia, inocente y capaz que él mismo. Lo que pretende Coelho, sacando a la luz su reciente creación, es descubrir el niño escondido tras todo lector y escritor: “no debemos dejar morir jamás a nuestro niño interior, es el que habla con voz más inocente y aporta una solución simple a cuestiones complejas que nuestro cerebro adulto tarda mucho más en dilucidar”. Precisamente buscando esa identificación del hombre maduro con su yo infantil le da a la narración forma de parábola. Así se garantiza una comprensión veloz y dulcificada, aunque igualmente aguda. “El origen de la literatura está en contar cuentecillos, pero esto se ha perdido con la evolución de los sistemas, quizá se haya ido esa pureza”, afirma el brasileño. La eterna duda presente en esta publicación es si será posible alcanzar la auténtica felicidad. Paulo tiene las ideas muy claras a este respecto “no sé si la felicidad existe porque nunca estuvo entre mis prioridades. Ser escritor no era mi sueño, sino mi desafío”. Dice que la sociedad vigente se refugia en el materialismo creyendo encontrar aquí una falsa plenitud. En este autor puede apreciarse una evolución en el modo de abarcar sus temáticas, en la forma de tratar el contenido espiritual. El Alquimista por ejemplo, no tenía ni un ápice de ese trasfondo religioso, mientras que el más nuevo pone de manifiesto su creeencia en la reencarnación, añadiendo que está seguro “de que hay vida después de la muerte”. Este es Paulo Coelho, un gran narrador consagrado en supremo pensador y mejor persona. Un hombre que vivió el movimiento hippie en primera plana, que sufrió el cautiverio del preso en propia carne por defender sus ideales revolucionarios, que no eran otros que luchar contra el régimen dictatorial establecido en su tierra natal y conmover al mundo con su obra. Esto último lo ha conseguido, pero no mediante armas, amenazas o corrupción, sino con algo más simple, bello y escaso: la palabra dicha desde el alma, porque “las personas que realmente hacen bien a los demás no intentan ser útiles, sino llevar una vida interesante”.