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EMIGRACIÓN

Los españoles se convierten en emigrantes de nuevo 50 años después

Por Pablo RomeroTiempo de lectura2 min
Sociedad16-10-2012

Los datos son concluyentes: el año pasado emigraron 62.000 españoles, y este año la cifra llegará probablemente a 72.000. Esto es, cada día se van 200 personas de nacionalidad española, de las que la mayoría, como es lógico por ser los lugares más poblados, pertenecen a la Comunidad Autónoma de Madrid seguida en estas cifras por Cataluña.

La emisión, cada vez mayor, de inmigrantes al extranjero es comprensible al ver que ya son casi seis millones de parados en el país. Solo entre la población juvenil el desempleo llega hasta el 50 por ciento. Este es el desolador panorama al que se enfrenta la sociedad española que está en busca de un trabajo. Después de la gran emigración a Sudamérica por el franquismo, la secular condición de España de país exportador de mucha mano de obra y talento se interrumpió en los años 80 con la modernización de la industria y el crecimiento de los servicios. Poco después, los tres largos lustros de bonanza económica revirtieron la situación. El país pasó a necesitar muchos más trabajadores de los que el crecimiento natural de la población aportaba, y entre 1996 y el 2010 los extranjeros censados en España se multiplicaron por diez, pasando de medio millón a más de 5,5 millones. El exceso de inmigrantes llegó a ser uno de los asuntos que marcaba la sociedad en las encuestas como uno de los mayores problemas que sucedían en España. A las Islas Canarias y las costas andaluzas llegaban más de una patera al día en época veraniega y las ayudas de otras partes de España para cubrir los servicios mínimos de los africanos quedaban escasos. El reto que planteaba el encaje social de tal volumen de inmigración se ha saldado, en líneas generales, sin grandes problemas, y de momento la crisis no ha hecho crecer de forma significativa el desprecio y racismo hacia estas personas. Pero esos años de prosperidad basados en la burbuja del ladrillo posiblemente instalaron en muchos españoles la percepción de que esta sería para siempre una tierra de oportunidades y no de exilio laboral.Por eso el baño de realidad resulta ahora especialmente doloroso, y no solo para quienes se ven forzados a hacer las maletas. A diferencia de la emigración de los años 50 y 60 del siglo pasado, ahora no se van fundamentalmente trabajadores manuales, sino jóvenes cualificados en cuya formación también ha invertido el Estado. Su marcha es, pues, una pérdida para el conjunto de la sociedad. Solo queda la esperanza de que la economía española mejore y puedan regresar, algo que no será ni fácil ni rápido.