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ORIENTE PRÓXIMO

El Gobierno de Sharon no logra reducir la tensión en Oriente Próximo

Por Mariella GoliaTiempo de lectura2 min
Internacional19-05-2001

Las encuestas preelectorales señalaban una ventaja de 20 puntos entre el dirigente radical del partido Likud, Ariel Sharon, y su rival, el líder laborista, Ehud Barak. Hasta el último momento Barak tuvo la esperanza de que las negociaciones que se desarrollaron en el balneario de Taba entre israelíes y palestinos pudieran provocar un vuelco electoral.

Las negociaciones, que se suspendieron sin la firma de un acuerdo, dejaron a Ehud Barak en una situación muy delicada. El 6 de febrero los israelíes convocados a las urnas elegían a su próximo primer ministro. El líder de la oposición de derechas, Ariel Sharon, obtenía un 62,5 por ciento frente al 37,5 por ciento de Ehud Barak. Mientras para muchos israelíes Sharon era contemplado como el candidato que mejor podía salvaguardar la seguridad del país, el mundo árabe mostraba su oposición, las opiniones más radicales procedieron de los líderes de Al Fatah. Egipto, sin embargo, optó por la cautela y algunos líderes europeos se manifestaron con precaución a la espera de las decisiones políticas de Sharon. El fracaso de la Cumbre de Camp David, la imposibilidad de alcanzar un acuerdo en el balneario egipcio de Taba, pero sobre todo la visita de Ariel Sharon, el pasado 28 de septiembre, a la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén, interpretado como un signo de provocación, provocó el estallido de la Intifada y causó la derrota de Barak en las elecciones. Tras acceder al poder, Sharon cumplió una de sus promesas electorales: componer un Gobierno de Unidad Nacional que garantizaba el apoyo de dos tercios del Parlamento. Los dirigentes de los dos grandes partidos, el Likud y el Laborista, ocuparon las principales carteras mientras que los ultraortodoxos del Shas se convertían en la tercera fuerza política. Responsable indirecto de la trágica campaña del Líbano que costó la vida a 2.750 civiles mientras era ministro de Defensa en 1982, Ariel Sharon se enfrenta a una situación que podría precipitarse. Mientras uno y otro bando se culpan del fracaso de las negociaciones de paz, la violencia no sólo no cesa, sino que crece día a día. La complicada situación de la simbólica ciudad de Jerusalén, significativa para todas las partes del conflicto, la negativa de Sharon de ofrecer concesiones territoriales a los palestinos y la postura de algunos países árabes que no están dispuestos a negociar la paz con Israel, son las principales cuestiones que impiden alcanzar el equilibrio en Oriente Próximo.