EL RECORTE SOCIAL DE ZAPATERO
Las medidas de Zapatero no tienen advertencia
Por Rocío Linares
2 min
Economía14-05-2010
Lo que el viento se llevó son las palabras de Zapatero. Como rojo sobre gris han resultado sus medidas urgentes para sanar el déficit público. El presidente reconoce por primera vez que la situación es grave, tanto como para dar un giro de 180 grados en sus políticas sociales. Se desploman de una vez las propuestas fantasmales y las falsas esperanzas de empezar a recuperar el bienestar español.
Está claro que a Zapatero "no le gusta anunciar recortes", según ha confesado en el congreso. No es su estilo. Su esperada política social se acaba después de que ha contribuido a empeorar la economía, o al menos, a no beneficiarla. Han caído por su propio peso las novedades "estrella" que presentó en su programa electoral como el cheque bebé o la deducción de 400 euros de la declaración de la renta, además de la regeneración de empleo y otros "bienestares" de los que no ha disfrutado el pueblo español. Hace ya seis años de que estrenando su cargo como presidente dijera: "Los ciudadanos nos exigen a los políticos que seamos fieles a nuestras promesas. Esta exigencia es para mí la más apremiante, la más obligada. Haré honor a la palabra dada". Estas palabras le comprometían a cien puntos recogidos en su campaña. Los que han suscitado la polémica han tenido un intento de cumplimiento. Los que no, estaban de relleno. En su renovación de la presidencia, aseguró que "la lucha contra la desaceleración económica sería una de sus prioridades". Hoy esa desaceleración se llama crisis y se acompaña de "grave". Esto mismo que no ha podido cumplir, ha desmontado el resto de su política. También se oyó: "Somos la envidia de Europa y en pocos años vamos a ser un país de primera división en el mundo". Es cierto que todos nos temen, pero por débiles y endeudados. Los ciudadanos y funcionarios respiraban cuando conocieron que "todos los ministerios y las partidas de gasto se verán afectados por el recorte del déficit, a excepción de las políticas sociales, el fondo extraordinario para estimular el empleo, y tampoco el salario de los funcionarios públicos, aunque sí el de los altos cargos". Desde que el Gobierno ha hecho público su nuevo "plan de sacrificio" se ha vuelto a hablar de estas partidas aunque ahora como sujetas a un ajuste. Para el colectivo jubilado más despreocupado por su pensión gracias a las declaraciones del presidente las últimas noticias le han podido provocar un ataque al corazón. Se supone que "las pensiones mínimas ganarían poder adquisitivo" y que no jugaría con este dinero. Pero como conclusión, sirva esta declaración: "El programa de una izquierda moderna pasa por una economía bien gobernada con superávit de las cuentas públicas, impuestos moderados y un sector público limitado. Todo ello, conjugado con la extensión de los derechos civiles y sociales". El paso por el superávit ha sido corto, muy corto. Los impuestos han temblado en varias ocasiones y ahora de nuevo entran en el debate. El sector público se levanta contra el presidente y sobre los nuevos derechos civiles y sociales hay que saber, que los que permanecerán serán porque ingresan dinero.





