SEMANA SANTA
Camino al Reino que no es de este mundo
Por Rocío Linares
3 min
Sociedad01-04-2010
El sentido de la vida del Hombre está en la “Gran Semana”. La conmemoración de la pasión de Jesucristo pretende hacer entender el sufrimiento, la muerte en la cruz y la resurrección como principio de un amor que es servicio. Como Rey, la gente alfombraba el camino con los mantos en la llegada de Jesús a Jerusalén. La masa de los discípulos alababa a Dios dando gritos por todos los milagros que habían visto. Pero esas mismas voces pedirían su crucifixión tan sólo cuatro días después.
El Jueves Santo comienza el Triduo Pascual. Los tres días más solemnes del año litúrgico. Después de que los fariseos y sacerdotes pusieran en duda la divinidad de Jesús, comunica a sus discípulos que morirá próximamente y entregado por uno de sus fieles amigos. Aún así, por el poder otorgado por el Dios Padre, les lava los pies. “Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo”, le dijo a Simón Pedro. Y de esta forma dio ejemplo para que lo que hizo con ellos, también ellos lo hicieran con los demás (Juan 13, 1-15). Con humildad y sencillez se muestra al servicio del prójimo y así queda señalado este día como el inicio del amor fraterno. Un gesto incondicional entre la humanidad que no espera nada a cambio. Después, alrededor de la mesa, en comunidad, nace el sacramento de la Eucaristía por el que Jesús se queda para siempre entre los que le aman y le siguen. “Su cuerpo, entregado por todos, y el cáliz de la nueva alianza sellada con Su sangre” (1 Corintios 11, 23-26) comulgan a los cristianos que en memoria de Jesucristo proclaman su muerte. Se crea también el Sacerdocio Ministerial para el que despierta vocaciones con el fin de impartir los sacramentos y cumplir el mandato de: “Id por el mundo y anunciad el Evangelio”. Después de la Santa Cena, Jesús se retiró a orar al monte de los olivos. Conocía su destino y suplicó al Padre: “Si es posible, aparta de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Entre las antorchas y los faroles de los guardias de los sumos sacerdotes afirmó: “Os he dicho que soy yo Jesús el Nazareno, si me buscáis a mí, dejad marchar a los demás” (Juan 18, 1-19) Y fue prendido. Muerte de Jesús Amanece entonces el Viernes Santo. En los Santos Oficios de este día no se celebra la Eucaristía. En la liturgia se recuerda la Pasión del Señor. Se invoca a Jesús en la Cruz y se proclama el sentido sacerdotal de la vida del Nazareno. También, se incluye la Oración Universal, que ruega por todos los necesitados del mundo. Finalmente, se adora la cruz, como tradición que comenzó en Jerusalén en torno a la reliquia del santo leño venerado en el monte Calvario. El ayuno que se practica en la mañana del Viernes Santo parte de la penitencia que comparten los cristianos por la muerte del Señor. El Nazareno ha muerto clavado en el madero después de ser sometido a interrogatorios, humillaciones y flagelaciones. Cargando su propia cruz llega al monte de la Calavera, o monte Gólgota. Entre la tristeza, llega el Sábado Santo. Día de luto pero también de esperanza. Los cristianos reflexionan la pasión y la muerte de Jesús. Según la liturgia, en la Vigilia aparece el altar desnudo. El lucernario comienza con la bendición del fuego y una procesión entre los fieles que encienden sus velas del cirio pascual. En este velón, se graban los símbolos de alfa y omega. “Cristo ayer y hoy, principio y fin”. La luz bendita ilumina la celebración para disipar las tinieblas del corazón y del espíritu. La bendición del agua renueva los votos del bautismo. Un ramillete hace llegar las gotas de esta agua bendita que limpia a los fieles. Al fin el Domingo de Pascua. Cristo desfila en su pedestal del triunfo. El sepulcro quedó vacío igual que los sagrarios abiertos. Es el día de la exaltación. Una alegría que se extiende hasta el Domingo de Pentecostés. Por ello, todos los domingos los cristianos se reúnen en torno a la mesa para celebrar el sacramento de la Eucaristía en memoria de la muerte de Jesucristo y como recuerdo del gozo y la alegría de su resurrección.





