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PIRATERÍA

Ni balas ni dólares contra la piratería; parte de la solución es la estabilidad política

Por Javier M. FandiñoTiempo de lectura3 min
Internacional07-03-2010

¿Se debe negociar con unos piratas? Llega la primavera y la piratería en la costa de Somalia se dispara. El comienzo del mes de marzo señala el fin de la época de los monzones y el comienzo de oleadas de inseguridad en el Índico. Mientras, los corsarios del Cuerno de África se lanzan a faenar sin miedo a que el mal tiempo destruya sus embarcaciones. Cada año, los piratas somalíes realizan más de 100 secuestros entre los meses de marzo y mayo. Sin embargo, la solución no se encuentra ni en la lucha ni en la negociación, pasa por conseguir la estabilidad política en su país.

Una tercera parte de los secuestros registrados en las costas de Somalia cada año se producen entre los meses de marzo y mayo. La llegada del buen tiempo y el fin de los monzones permite a los corsarios africanos lanzarse al Índico, atemorizando a los barcos que salen a su paso. Cualquier política de seguridad es bienvenida, pero no siempre efectiva. El verdadero problema de la piratería en el Cuerno de África es la inestabilidad política somalí. Para la vicepresidenta de la subcomisión de Seguridad y Defensa de la Eurocámara, la socialista Ana Gomes, no podrá acabarse con la piratería “mientras siga sin haber un Estado operativo en Somalia”. El resto son soluciones a corto plazo. Resulta complicado controlar una situación que parte de un Estado desintegrado. Somalia vive desde 1991 una guerra civil que todavía no ha finalizado. El país africano se encuentra dividido en una multitud de pequeños Estados que han ido proclamando su independencia en los últimos doce años. Precisamente, uno de ellos es Puntland, una de las principales bases para la piratería. La anarquía somalí ha llevado a una situación caótica en la que el secuestro de barcos ha adquirido el estatus de “negocio”. Ana Gomes asegura que los corsarios “han entendido que la piratería es más lucrativa que la pesca”. Armados con material bélico de asalto, los bucaneros salen a la caza del cualquier pesquero o barco mercante desprovisto de seguridad. Han depurado tanto su técnica que si bien antes operaban en alta mar más cercanos a las costas de Somalia, en los últimos años han realizado varios secuestros en aguas más próximas a las Seychelles. Entonces es cuando llega el momento del rescate. Sólo les interesa el dinero. Y muchas veces lo consiguen. Actuación o negociación Tras el secuestro del barco noruego UBT Ocean, el país nórdico se enfrenta ante un problema que ya ha sido meditado por otros países. Aunque, aparentemente, lo más sensato desde el punto de vista de la seguridad de los rehenes sería la negociación, Francia y Estados Unidos han abierto un precedente en la lucha contra la piratería somalí. Si bien es cierto que a principios de este año Grecia pagó un rescate de alrededor de 4 millones de dólares por liberar a un petrolero heleno con 28 tripulantes a bordo, Francia desarrolló una acción conjunta en abril de 2008 basada en el previo pago de la liberación y la posterior detención de los corsarios con el botín. Nada que ver con el despliegue militar de la armada estadounidense para rescatar al capitán del mercante Maersk Alabama mediante el uso de la fuerza. Independientemente de su decisión, la patrulla constante de las zonas de riesgo no es una solución fiable a día de hoy. Tras el secuestro del Alakrana, el Gobierno español abrió la posibilidad de contratar seguridad privada para evitar que pudiese repetirse esta situación, pero es imposible calcular hasta qué punto puede ser efectiva esta medida. Por otro lado, la Operación Atalanta, prolongada por el Consejo de Asuntos Exteriores de la Unión Europea poco después del rapto del atunero español, tampoco ha conseguido cumplir su misión de convertir en aguas seguras las costas africanas y se presenta como una solución a corto plazo. A juicio del eurodiputado polaco del Partido Popular Europeo Filip Kaczmarek una operación militar “puede servir para proteger a los barcos, pero no es suficiente para resolver el problema”. La verdadera solución pasa, a su parecer, por lograr la estabilidad política en Somalia.