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ESTRENOS

Las versiones cinematográficas y la ironía de los Cohen protagonizan la cartelera

Por Marta G. BrunoTiempo de lectura2 min
Espectáculos15-01-2010

Cuando se lleva a la gran pantalla una versión de una obra mítica, resulta difícil superar su calidad. Es el caso de Solomon Kane, un personaje de Robert E.Howard que trata de combatir el mal. La parodia de los hermanos Cohen sobre las tradiciones judías llevan el diálogo absurdo al extremo, pero no por ello deja de ser desternillante.

El sombrero, la capa, las dos espadas y el fajín de Solomon Kane salieron de la imaginación de Robert E. Howard en 1928. La más que probable trilogía no recurre demasiado a los efectos especiales, y podría enmarcarse en una cinta de Serie B, porque se acerca al cine fantástico, pero no llega. La co-producción europea aprueba con nota, al menos en cuanto a imagen se refiere, pero no supera los relatos de Howard. A caballo entre Van Helsing y El señor de los anillos, Solomon Kane divaga entre los mundos oscuros y las sombras de los demonios, pero su protagonista, James Purofoy, convierte la película en “pasable”, pero no apta para exigentes. Más irónica resulta Un tipo serio, de Joel y Ethan Cohen. Los hermanos se ríen de su propio pasado en esta original película, que se sirve de las comedias tradicionales americanas, pero no las imita. En la película se mezclan sueños con recuerdos y situaciones inesperadas. Figuras excéntricas y momentos inimaginables convierten la cinta en una buena elección, donde los ambientes e intérpretes, que dan vida a una familia burguesa judía donde la parodia sobre sus tradiciones está servida, se han mimado al detalle. Los diálogos, como en todas las producciones de los Cohen, resultan absurdos pero desternillantes. La acción, aunque tiene poco protagonismo en la cartelera durante esta semana, tiene un hueco con Teniente corrupto. Como versión, se aleja mucho de sobrepasar la calidad de Bad lieutenant, de Abel Ferrara. Excéntrica en sí misma, la primera película del director Werner Herzog tiene un hilo argumental bastante pobre en detalles, donde Nicolas Cage interpreta un papel exagerado, con la adicción, la placa y la pistola como puntos clave. Se trata de un thriller más sobre agentes que campan entre el bien y el mal, con el exceso de poder y autoridad como ventaja a favor del protagonista.