ORIENTE PRÓXIMO
Líbano, un poco más cerca de Occidente
Por G. Martínez
2 min
Internacional14-06-2009
La campaña electoral que ha precedido a los comicios libaneses planteaba a la heterogénea población del país del cedro dos opciones: elegir a la coalición del 14 de Marzo, claramente prooccidental y formada por los suníes de Movimiento del Futuro (Hariri), el Partido Socialista Progresista (liderado por el druso Jumblatt) y dos facciones cristianas vinculadas a la extrema derecha; o bien dar la victoria a la coalición del 8 de Marzo, de marcada tendencia panarabista y apoyada por Siria e Irán, liderada por los chiíes de Hezbolá (Partido de Dios), en la que también se incluyen a Amal (principal apoyo del Partido de Dios), el partido del general Michel Aoun, un grupo maronita y el Partido Nacionalista Sirio.
La heterogeneidad de las facciones ha complicado la labor de los analistas políticos, que al comienzo de la campaña daban como vencedor a Hezbolá. Sin embargo, la agresividad de los discursos del grupo chií, la negativa de la población libanesa a verse sometida a un régimen islámico y, por ello, sufrir un aislamiento internacional, similar al que vive hoy día el régimen de Hamas en la franja de Gaza, han sido los factores que han permitido, junto con el masivo voto de los cristianos, al partido de Hariri alzarse con la victoria. Nuevo gobierno, pero ¿puede repetirse la historia? Saad Hariri, hijo del difunto primer ministro Rafic Hariri, asesinado en 2005 supuestamente bajo mandato del Gobierno sirio, se ha mostrado durante toda la campaña totalmente contrario a un gobierno de cohabitación con Hezbolá, tanto si resultaban vencedores como si se quedaban en la oposición. Las graves fracturas del sistema político libanés, donde la oposición tiene derecho de veto en las decisiones del Ejecutivo, suponen uno de los mayores escollos para Hariri si pretende gobernar en solitario, y podrían hacer retroceder al país a la situación vivida desde 2006 hasta 2008, cuando tras su salida del poder, el Partido de Dios consiguió bloquear la vida política libanesa y puso al país al borde de una guerra civil. Pese a esta oposición, que no es bien vista por los analistas políticos por miedo a que desemboque en una crisis política que hunda al país, Hezbolá se ha mostrado conforme con los resultados electorales, pero ha exigido mantener el poder de bloqueo que había ostentado hasta ahora. Líbano, pese a dejar claro su posición a favor de Occidente, se enfrenta ahora a una etapa de incertidumbre, no sólo por los posibles cambios que se realicen en las dos facciones políticas (el 8 y el 14 de Marzo), sino porque cualquier paso en falso dado por alguna de ellas podría hacer saltar en pedazos el débil esquema político, religioso y territorial en el que el país del cedro se sustenta.





