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INGRESO

La RAE acoge al escritor gallego José María Merino

Por Tamara García MartínezTiempo de lectura2 min
Cultura16-04-2009

El escritor, ensayista y poeta gallego, José María Merino, es ya académico de la Real Academia Española. Este honor, que suele estar destinado a filólogos de la lengua, recayó en el literato en marzo de 2008, en sustitución del escritor Claudio Guillén, fallecido en 2007. El acamédico ocupará a partir de ahora el sillón "m".

Los primeros libros que manejó José María Merino de niño y que le despertaron la curiosidad y el amor por la literatura fueron los diccionarios de derecho que había en casa de su padre. Una vez cursados sus estudios de derecho en Madrid, su actividad laboral se desarrolló en el Ministerio de Educación. En 1972 publicó su primer libro, el poemario Sitio de Tarifa. Su primera novela data de 1976, novela de Andrés Choz. Entre 1987 y 1989 dirigió el Centro de las Letras Españolas del Ministerio de Cultura y a partir de 1996 se dedicó en exclusiva a la literatura. Merino es patrono de honor de la Fundación de la Lengua Española, y presidente honorífico de La Fundación del Libro Infantil y Juvenil Leer León. Ahora, el escritor entra a formar parte de la RAE. Confiesa que "nunca fue una meta" para él, pero "ha resultado una culminación" en la trayectoria de este gran maestro del cuento en castellano. Cultivando este el género, se ha convertido en uno de sus máximos valedores del mismo, a pesar de que en sus inicios se encaminase más a la poesía. En marzo del 2008 fue elegido el sucesor de Claudio Guillén pasando a ocupar el sillón "m". La candidatura fue propuesta por su amigo Luís Mateo Díez junto con Álvaro Pombo y Arturo Pérez Reverte. Merino celebra además la publicación de su nueva novela, La sima (Seix Barral), en la que reflexiona sobre "la manía fratricida" y "la tendencia a la confrontación" que tienen los españoles. En su nueva labor como académico de la lengua, el autor de Días imaginarios, La orilla oscura, Los trenes de verano o Cuentos del reino secreto tendrá que intentar darle a la institución un papel más activo en las políticas lingüísticas que se aplican en España. Y es que el autor señala que en España "vivimos en un mundo bastante necio". "El crecimiento de los nacionalismos lleva consigo una idea de que la lengua española no es de los nacionalistas, lo cual es absurdo, porque el español es una lengua universal y hay que verla como un patrimonio", afirma. "¿Por qué no pueden convivir dos lenguas juntas en una comunidad autónoma?", se pregunta. Merino cita la frase de Horacio "contra la estupidez, los propios dioses son impotentes", para decir que la Academia podría desarrollar "un papel de otro tipo" en estas cuestiones, pero "hay que esperar a que toda esta corriente de necedad se pose".