TOROS
La gloria del triunfo se fue a resucitar a Málaga
Por Almudena Hernández
2 min
Espectáculos12-04-2009
Mientras José Tomás hacía rugir a unos tendidos poblados de partidarios en Málaga, en Madrid y Sevilla el respetable cayó presa del desencanto. El extremeño Alejandro Talavante no cosechó un éxito en su encerrona en solitario en Las Ventas. A orillas del Guadalquivir la tarde de Resurrección discurrió en un aburrido silencio.
Se presentaba ante la cátedra de Madrid para dar la vuela al marcador que había dejado en otra encerrona similar en el mismo coso hace un par de años. Necesitaba un triunfo, un golpe de efecto para recolocarse en el escalafón que tantas esperanzas ha tenido con él. Sin embargo, el frío y lo desapacible del ambiente meteorológico se contagió al graderío y se esparció por el ruedo de la monumental. El resultado: un torero que lidia seis toros -de una misma ganadería, la de Núñez del Cuvillo- en la plaza más importante del mundo en una misma tarde y sólo escucha una ovación. Tampoco fueron bien las cosas en la otra de las grandes plazas de la piel de toro española. Aunque el cartel prometía una tarde de gloria taurina en Sevilla, el ganado imposibilitó el espectáculo. José Antonio Morante de la Puebla, Manuel Jesús El Cid y José María Manzanares se fueron de vacío del coso del Baratillo al toparse con un descastado encierro de Zalduendo. Sin embargo, la Fiesta triunfó -y también con sangre- en Málaga, un día después de que Sebastián Castella se alzase como el máximo triunfador de la primera corrida picassiana de la historia, celebrada el pasado Sábado de Gloria. Y eso que los de Concha y Sierra no fueron lo mejor de un festejo que tuvo varios momentos de lucimiento -también a cargo de Rivera Ordóñez y Manuel Díaz El Cordobés, pero en el que también molestó el viento. El Domingo, en La Malagueta, como adelantábamos, llegó una nueva resurrección taurina del dios torero del momento: José Tomás. Sólo que el de Galapagar, esta vez -otra más-, tuvo contrincante: Miguel Ángel Perera. Ambos lograron una oreja de cada uno de los toros de sus respectivos lotes, salvoconducto necesario para salir en hombros. Como en Madrid, los astados también fueron del hierro de Nuñez del Cuvillo. No obstante, el triunfo no fue redondo, pues Perera pagó replicar a Tomás en medio del vendabal con una cogida grave.





