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TOROS

Y el arte llegó a Valencia

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Espectáculos15-03-2009

Estrella Morente estará tocando palmas por bulerías a su esposo Javier Conde, ese hombre que se viste de luces para abrir de vez en cuando los carteles en los que se anuncia José Tomás. Con Tomás o sin él, Conde va siempre como un pincel. Bien vestido y engominado, desprende arte por los cuatro costados hasta que, naturalmente, sale el primer toro. Pero, con un poco de suerte, quizás el ministro de Cultura no se haya dado cuenta aún.

Un año más, el torero andaluz se enfrenta a otra temporada, y los inicios no han sido del todo esperanzadores. En la novena de la feria de Fallas de Valencia, el pasado domingo, Conde escuchó pitos. Pero escuchaos al compás de las palmas de su cantaora particular quizás le supieron a gloria. Es un suponer, pues en las cuestiones del arte de la tauromaquia, de un tiempo a esta parte, parece que las cosas van por otro lado. Tras lo del tablao flamenco fallero, claro, salió José Tomás. Tomás mezcló cantidad y calidad y logró la puerta grande. Escrito está. De lo primero sumó dos, las dos orejas necesarias para poder salir a hombros a la calle de Xátiva. De lo segundo también hubo, pero lo que dicen los titulares va más bien por el lado de la salida en volandas y los arrimones que del porqué. El arte que está en los museos no tiene, necesariamente que impactar a todos del mismo modo. No es lo mismo un Kandinsky que un Goya. En Valencia, el pasado domingo 15, además de Conde y Tomás -puro arte-, hubo un torero francés, un tal Sebastián Castella, que por cierto cerraba el paseillo. Y el francesito -a pesar de lo que trabaja por la internacionalización de la fiesta, pobre- también mezcló cantidad y calidad. Posiblemente por errores de traducción el palco no se enteró de que el torero gabacho debía salir en la foto de la puerta grande con Tomás. El francesito sólo cortó una oreja, pero le pidieron dos o tres. Y eso que antes de que asomase el huérfano pañuelo autoritario de la autoridad, el francesito también se arrimó -como Tomás-, también llegó a los tendidos -como Tomás- y también desplegó arte sobre el ruedo valenciano, tanto o más como hizo Tomás con la cuvillada. Luego dicen que así gana el Madrid... Lo que debió pasar es que la presidencia quiso hacer justicia contra algún Napoleón que había visto inmortalizado en una falla camino del coso, y por eso negó la foto al francesito. Para la próxima, Sebastián Castella debería plantearse, como hizo Tomás, brindar un toro a Paco Camino, que ha devuelto su medalla a las bellas Artes al alimón con el de Galapagar. Ambos han hecho tal desplante tras habese concedido a Francisco Rivera Ordóñez, hombre de estirpe torera y arte.