ESTADOS UNIDOS
El complicado sistema electoral estadounidense, al detalle
Por Luis Miguel L. Farraces
3 min
Internacional02-11-2008
La batalla presidencial en Estados Unidos no es tan sencilla como tratar de convencer a la mayoría de americanos de que uno u otro candidato representa mejor sus intereses. El complicado sistema electoral hace que la pugna entre Obama y McCain haya tenido que ser diseñada con gran astucia, ya que genera curiosas situaciones como la posibilidad de que gane las elecciones el candidato menos votado.
La explicación a este y otros fenómenos es que en Estados Unidos no son las personas directamente, sino los estados, los que inclinan la balanza en favor de uno u otro candidato. Así, cada uno de los estados de la federación dispone de un número determinado de votos en relación a su población, que en total suman 538. De esta manera los estados más determinantes de la carrera electoral son California y Texas, con 55 y 34 votos respectivamente; mientras que los menos determinantes son Alaska, Montana, las dos Dakotas y Wyoming, con tres, el mínimo sea cual sea la población de cada territorio. Pero las intrincadas reglas del juego no quedan ahí. Y es que los votos de cada uno de los estados deben ir siempre para una sola candidatura. Ello supone que no hay diferencia alguna entre ganar en un estado con el 99 por ciento de los sufragios o hacerlo con tan sólo el 51 por ciento. Desde el punto de vista del perdedor, el sistema de votación fomenta que, aún perdiendo por un sólo voto en cualquier estado, el candidato vencido se quede sin absolutamente nada. Este curioso mecanismo ha configurado finales de infarto en algunos estados en los últimos años, como en la elección de 2000, cuando George W. Bush se llevó los 27 votos que otorgaba vencer en Florida con un margen de apenas 500 votos frente a su oponente demócrata Al Gore, que se marchaba con la manos vacías. El sistema electoral vigente en Estados Unidos fue diseñado hace ya más de 200 años con el objetivo de unir la voluntad de la mayoría de americanos con la mayor representación territorial posible. Sus defensores aseguran que el mecanismo actual garantiza que los candidatos presten también atención a los estados más despoblados, que cuentan con al menos tres votos en el cómputo final. En un país con claras diferencias demográficas entre las dos costas y el interior ¿qué atención prestarían Obama y McCain al Estado de Wyoming, el menos poblado de la Unión con apenas 500.000 habitantes? De elegirse el presidente estadounidense mediante voto directo y circunscripción única Texas, Nueva York y California juntarían ya a un tercio del electorado, mientras que con el sistema vigente los tres estados más poblados apenas cuentan conjuntamente algo menos de un quinto del total de los votos federales. No todos los electores valen por igual Del otro lado, los detractores del engranaje electoral vigente aluden a las grandes desigualdades que hay entre el valor de un elector entre uno y otro Estado. Y es Pensilvania por ejemplo cuenta con un voto federal por cada 666.000 habitantes, mientras que Alaska dispone de uno por cada 200.000. De esta manera, el voto de un habitante de Ciudad El Paso es más valioso que el de uno de Boston o incluso que el de un neoyorquino. Este detalle es precisamente el que posibilita que el vencedor de unas elecciones presidenciales en Estados Unidos haya cosechado menos apoyos que su contrincante. Así, el número clave del próximo martes en los cuarteles generales republicano y demócrata será el 270, el umbral de votos federales que otorga las llaves de la Casa Blanca. Para ver un mapa que detalla el reparto de los votos en cada estado, haga clic aquí.





