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ACCIDENTE EN BARAJAS

Los expertos sugieren exteriorizar los sentimientos para afrontar la muerte

Fotografía
Por Leticia PradoTiempo de lectura1 min
Sociedad20-08-2008

El carácter repentino de las catástrofes hace imprescindible una rápida reacción de los servicios sanitarios y de emergencia. Pero, en muchos casos, esta capacidad de actuación no es suficiente para salvar la vida de las personas. La intervención de los expertos en tragedias como la del aeropuerto de Barajas sirve para evitar que los familiares de las víctimas tengan secuelas psicológicas al reprimir sus sentimientos.

Los familiares de los fallecidos en alguna catástrofe pueden considerarse como las otras víctimas de estas imprevisibles realidades. Los primeros momentos de incertidumbre y la posibilidad de desarrollar trastornos mentales a largo plazo convierten en básica la labor de los psicólogos. Simplemente su compañía puede servir de gran ayuda para controlar la situación. De manera casi inmediata, grupos de psicólogos y voluntarios de la Cruz Roja acudieron al aeropuerto de Barajas y al recinto ferial de Ifema de Madrid -donde se ubicó la morgue para identificar a las víctimas del siniestro- para atender a los allegados. La negación de la muerte, el desconcierto y la ira son las primeras reacciones de aquellos que han perdido a un ser querido en catástrofes de esta magnitud. La actuación de los expertos exige algunos pasos imprescindibles: escuchar a los familiares, acompañarles y hablar de lo sucedido. Solucionar rápidamente el estado de incertidumbre es una condición indispensable. Por ello, los psicólogos han de ofrecer una información clara y precisa de lo que ha ocurrido. Además, deben lograr que los afectados liberen la tensión a través de las lágrimas. De otra manera, no exteriorizarán sus sentimientos y no lograrán asimilar la realidad que les ha tocado vivir. Muchos de los expertos aconsejan no agobiar a las víctimas. Cada una tiene su propia capacidad de tolerancia ante la catástrofe y no se les debe exigir una rápida recuperación. Cada uno establece su periodo de duelo ante la pérdida. Todos coinciden en que los allegados deben sentir que alguien les escucha, les acompaña y les arropa y que, además, todos los sentimientos que se les presenten en esos momentos son los propios de circunstancias muy poco normales.