HALLAZGO
Los Urales albergaron los restos de los hijos del último zar
Por Adriana Escalada
3 min
Cultura16-07-2008
En la noche del 16 al 17 de julio de 1918, un comando bolchevique asesinó a Nicolás II y a su familia en Yekaterimburgo, en los Urales. El 18 de julio de 2008, justo 80 años después, el último zar y los suyos serán enterrados en San Petersburgo. Los resultados científicos obtenidos sobre la base del análisis de ADN por tres sistemas genéticos se corresponden con la hipótesis de que en el segundo enterramiento fueron hallados los restos de la gran princesa María y el zarevich Alexéi. Aún así, continuarán los peritajes para concluir el proceso de identificación de los restos óseos.
Nicolás II, su esposa y sus cinco hijos, entre ellos el príncipe heredero, Alexéi, fueron asesinados en un sótano de la casa Ipatiev, en la ciudad de Yekaterimburgo (Urales) el 17 de julio de 1918, y sus restos enterrados en un bosque. Los restos de éstos fueron hallados en 1979, extraídos en 1991 y, una vez identificados, sepultados en la Fortaleza de San Pedro y San Pablo de San Petersburgo en 1998, en presencia del que era en ese momento el presidente ruso, Borís Yeltsin, y acompañado de representantes de casas reales. Con ellos también se encontró restos de tres sirvientes (una doncella, un cocinero y un ayudante de cámara) y al médico personal de la familia. Las primeras investigaciones se basaron en la superposición de fotografías con el esquema de los cráneos a través de técnicas informáticas. Las pruebas resultaron positivas, pero fueron calificados de poco fiables. Diversos científicos rusos y extranjeros se debatieron el estudio de los huesos, pero la investigación recayó en último término en el director del Instituto de Biología Molecular de Moscú, experto en genética, Pavel Ivanov. Sobre la identidad de la zarina Alexandra y las tres niñas encontradas en la tumba hay pocas dudas. Gracias al ADN mitocondrial, heredado en estado puro de madres a hijas indefinidamente, Ivanov y su gran amigo Gill lograron determinar casi con absoluta certeza que las cuatro mujeres eran la esposa y tres de las hijas del último zar. Lo más difícil fue la identificación de Nicolás II. La búsqueda de material genético para compararlo con la muestra ósea fue complicada y cuestionada, ya que existían pocos parientes vivos de los Romanov dispuestos a someterse a una prueba de ADN. La Iglesia Ortodoxa Rusa no reconoció estos restos, y en 2000 canonizó al zar y a su familia como mártires del comunismo. El principal argumento empleado por la Iglesia para no reconocer su autenticidad fue el hecho de que no habían sido hallados los restos del zarevich Alexéi y de su hermana María. Pero el año pasado se anunció que los probables restos óseos de Alexéi y de María habían sido descubiertos en un bosque cerca de Yekaterimburgo. Además de trozos de hueso de diferentes tamaños, los arqueólogos encontraron dientes, balas de diferente calibre y trozos de cerámica, entre otros objetos. Gracias a un escrito Gracias a la desclasificación de un documento secreto se pudo localizar el lugar donde los bolcheviques enterraron a los hijos del zar. Se trata de un escrito hecha por Yákov Yurovski, quien dirigió el fusilamiento de la familia imperial rusa por orden directa de la dirección bolchevique. En el narra cómo, tras varios intentos fallidos de enterrar los cadáveres de los miembros de la familia del zar, al final decidieron rociar con ácido sulfúrico los cuerpos de nueve de ellos. Esos cuerpos fueron sepultados bajo un puente de madera en una vieja carretera que conducía a la localidad de Koptiakí, mientras los cadáveres de Alexéi y María fueron trasladados a un bosque cercano, incinerados y enterrados. Ahora después de 80 años, el último zar y los suyos serán enterrados en San Petersburgo.





