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INFORME

En cinco minutos: La caída de la coalición austriaca

Por Iara MantiñánTiempo de lectura6 min
Internacional16-07-2008

Los dos principales partidos austriacos comparten una gran coalición desde enero de 2007, cuando los socialdemócratas vencieron a los conservadores en la última elección. Sin embargo, ambos partidos han discutido constantemente por temas que incluyen las reformas sanitarias, fiscales y educativas.

Las tensiones se desbordaron en junio cuando Gusenbauer y Faymann, en un giro inesperado, convocaron a un referéndum sobre futuros cambios en los tratados de la Unión Europea, que los conservadores calificaron como una jugada populista para revertir la caída de los índices de popularidad de los socialdemócratas. A continuación se presentan las causas que motivan ese interés por el referéndum austriaco, así como sus consecuencias. Contaminación del volcán irlandés Como es sabido, la Constitución irlandesa requiere que cada reforma de los tratados sea considerada como una reforma de la propia constitución, lo que requiere un referéndum. Y esa mina ha sido susceptible de ser activada por una miríada de temas indirectamente relacionados con el Tratado de Lisboa que han rechazado, tales como: las negociaciones en el seno de la OMC, la eventual armonización del tipo del impuesto de sociedades en Europa y su impacto sobre la inferior fiscalidad irlandesa, la derogación de las limitaciones constitucionales al aborto supuestamente permitidas por el Tratado de Lisboa, y el supuesto compromiso irlandés con un ejército europeo. Este espíritu antieuropeo y nacionalista, o mejor dicho egocentrista (ya que los irlandeses se reconocen como europeos) porque a estos europeos no les sale “rentable” aceptar la política fiscal del Tratado de Lisboa. En este contexto de “rentabilidad nacional”, no debe olvidarse que cada Estado miembro de la Unión, vela por lo suyo, ya que tanto en Reino Unido como en la República Checa, los respectivos tribunales nacionales han sido invitados a dictaminar sobre la constitucionalidad del Tratado. Por tanto, resulta indiscutible afirmar que los jefes de Estado, están sujetos a sus intereses individuales. Atentos a preservar la esencia de la democracia y la soberanía nacional, como ya ha ocurrido en el pasado con Mitterrand, Chirac, y como ocurre en el presente en latitudes centroeuropeas (la República Checa, Polonia o Austria). Problema en la corazón de la Cancillería austriaca Austria ha descansado en una paz social gracias a la unión durante décadas de los dos grandes partidos políticos: el Partido Socialdemócrata y el Partido Popular, que formaban el gobierno bajo un pacto social que entregó estabilidad, basada en una cultura política de compromiso y diálogo. En los últimos tiempos, cambios en este esquema se han producido por una mayor movilidad del electorado, aumento de la competencia entre partidos y un mayor dinamismo político. Todo esto alentado por los medios. Las elecciones al Parlamento en octubre de 2000, transformaron significativamente el paisaje político austriaco, saliendo de las elecciones tres partidos poderosos: el Partido Socialdemócrata (SPÖ), el Partido Popular (ÖVP) y el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ). Los dos se unieron en coalición y formaron gobierno, pero esta unión no ha durado más de un año y medio, ya que el vicecanciller del (ÖVP), Wilheim Molterer, quiere convocar elecciones anticipadas porque su aliado en la coalición, el Partido Socialdemócrata (SPÖ) “ha abandonado la vía común en la política europea y la coalición ya no es capaz de tomar decisiones conjuntas”. Por su parte, el canciller del SPÖ anunció que no se presentará a las elecciones. El núcleo de la polémica reside en que el canciller del SPÖ, Alfred Gusenbauer, declaró que “los futuros tratados europeos serán sometidos a referéndum en Austria”, lo que supone un gran avance para el futuro de la construcción europea. ¿Por qué es inadecuada la unanimidad? Hay varias razones que desaconsejan el uso del referéndum para la aprobación de los tratados de la Unión. 1º Cuanto mayor sea el número de ratificaciones requeridas para la entrada en vigor de cualquier reforma de la UE, habrá un mayor número de actores con derecho a veto. Y esto se aplica a cualquier reforma, aunque es obvio que cuanto mayor sea la importancia de la reforma, menor será a priori la posibilidad de acuerdo. Por ello, las soluciones que pretenden encontrar un ajuste de temas sustantivos aceptables por todos son ligeramente quiméricas, como el propio caso del Tratado de Lisboa ha demostrado. Siempre habrá sectores en cualquier país que objeten a cuestiones consideradas secundarias en otro y, si el procedimiento de ratificación proporciona la mínima oportunidad, podrán torpedear el proceso, como se afirma desde el Real Instituto Elcano. 2º: El argumento democrático. Erróneamente, se presenta como antidemocrático que un pequeño número de votantes decidan la suerte de 500 millones de personas. En el caso irlandés, 110.000 votos de diferencia entre el “no” y el “sí” han determinado el resultado. Así, no es una cuestión del tamaño de la minoría respecto a la mayoría sino que la regla de unanimidad sólo es válida si no hay minoría. 3º El argumento contra la unanimidad tiene que ver con la capacidad de externalizar (es decir, trasladar a otros que no han participado en la decisión) los costes de ésta. El “no” danés a Maastricht es el ejemplo más claro de ello, ya que provocó una tormenta monetaria resuelta en forma de devaluaciones de varias divisas europeas (entre ellas la peseta, la libra, la lira y el franco) pero no de la corona danesa. Esta por ver cuáles son los efectos del “no” a Lisboa para países terceros; la cuestión sin embargo, no es si estos se producirán o no, sino que cualquier Estado puede trasladar gratuitamente los efectos de su decisión “soberana” a terceros. Obviamente, el primer efecto del “no” irlandés es anular el calendario de entrada en vigor del Tratado y, por lo tanto, de las reformas institucionales vinculadas (como la Presidencia permanente, etc.) ¿Y ahora? Austria ya ha ratificado el Tratado de Lisboa en el Parlamento, sin embargo Gusenbauer dice ahora que el rechazo de Irlanda al Tratado reflejó "una inquietud extendida sobre la Unión Europea y su política", además sugirió que si cualquier cambio fuera hecho al texto para ayudar al irlandés, entonces la ratificación debería ser puesta al voto de los ciudadanos austriacos en Referéndum, por lo que la Unión Europea se enfrenta a un doble problema: por un lado conseguir “una solución especial”, para que Irlanda ratifique el tratado, y en caso de que esa solución incluya cambios en algunos de los cientos de los artículos del texto original, esos cambios han de ser aprobados por los ciudadanos austriacos en referéndum, y por los nuevos Estados de turno que pidan lo mismo. Esto demuestra que la unanimidad es un procedimiento inadecuado para la reforma de los tratados. La unanimidad es uno de los tabúes en la UE, a lo que contribuye la enorme dificultad para cambiarla: la unanimidad sólo se puede reformar unánimemente. Esto, sin embargo, no significa que sea imposible y quizá el medio para ello sea una reforma aislada del artículo 48 del Tratado de Niza, es decir, una reforma de los tratados que afecte únicamente a este artículo. Difícilmente se podrá clamar que esto afecta a la soberanía de ningún Estado miembro, lo que reduce las exigencias para la ratificación de esta mini reforma.