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SALUD

La central de Ascó emitía más radioactividad que la notificada

Por Paula LópezTiempo de lectura1 min
Sociedad18-05-2008

El 27 Noviembre de 2007 se produjo un escape de partículas radioactivas en la central nuclear de Ascó, procedentes de la ventilación de la planta atómica. La noticia se hizo pública a principios de abril gracias a una denuncia de la ong Greenpeace.

Uno de los componentes emitidos en el escape fue el cobalto 60, una de las partículas más tóxicas. El suceso, calificado provisionalmente en un nivel 1, fue clasificado finalmente como de nivel 2 en la escala internacional INES, debido al inadecuado control y a la información incompleta y deficiente que recibió el organismo regulador. El 12 de mayo se conocieron los últimos datos del Consejo de Seguridad Nacional (CNS) sobre el accidente: la radioctividad de Ascó fue 750 veces mayor que los niveles notificados en el mes de abril. El incidente se debió al arrastre de contaminación de los conductos y alcanzaba los 176 millones de bequerelios, una cifra bastante alejada de los 235.000 bequerelios que el CNS indicó a principios de abril cuando se denunció el caso. Casi todas las partículas contaminantes han sido encontradas dentro del vallado de la cental y, tras las revisiones médicas a los trabajadores y a todas las personas que han pasado por el lugar desde finales de noviembre, no se han encontrado indicios de incorporación de material radioactivo. Justo un día después de conocerse estos escapes en la central, un grupo de niños visitó las instalaciones. Tras la protesta de las madres, el portavoz de la Asociación Nuclear Ascó-Vandellós II, aseguró que la zona de visitas está totalmente aislada de los centros de producción y que no existía ningún riesgo para los menores. Pero Ecologistas en Acción emitió un comunicado en el que indicaba que la cantidad de bequerelios recogida en la zona infectada superaba 100 veces los niveles permitidos en población infantil en un año. Los titulares de la central reiteran que no existe riesgo para la población pero, según Greenpeace, aún quedan muchas cuestiones sin resolver. Una de ellas es si el accidente ha tenido algún impacto ecológico y radiológico.