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INFANCIA

La barbarie del caso Fritzl conmociona al mundo

Por Paula PortasTiempo de lectura1 min
Sociedad01-05-2008

Los crímenes cometidos por Josef Fritzl, ingeniero eléctrico austriaco de 73 años, tienen conmocionado al mundo y a Austria. Engendró seis niños con su propia hija Elisabeth a la que violó reiteradamente y mantuvo en cautiverio durante 24 años. En los archivos policiales austriacos constan antecedentes por delitos sexuales de violación y exhibicionismo cometidos en los 60.

La versión sostenida por Fritzl ante su esposa y el resto de la familia fue que Elisabeth desapareció con 18 años para unirse a una secta en un lugar desconocido, donde habría tenido varios hijos, a tres de los cuales dejó delante de la casa de sus padres. El monstruo de Amstetten sin embargo, en el sótano retenía y abusaba sexualmente de su hija Elisabeth con sus otros tres hijos, de 19, 18 y 5 años, por ser los que más lloraban y que nunca vieron la luz solar. La puerta del zulo subterráneo, que pesaba unos 300 kilos, tenía un mecanismo con temporizador para facilitar su apertura si durante días no era accionada. Según declaraciones de Franz Polzer, jefe de la policía criminalística de Austria, parece ser que Fritzl tenía intención de acabar con la tortura a la que estaban sometidos ya que, a finales de 2007, le hizo escribir a Elisabeth una carta dirigida a su familia en la que anunciaba que ese verano volvería a Amstetten con sus hijos. Aunque las investigaciones siguen abiertas, fuentes policiales creen que alguien del entorno tenía que saberlo, en referencia a la persona que la semana pasada informó de forma anónima que Fritzl iba a acudir al hospital porque Kirsten, de 19 años, estaba muy enferma. Fue su estado de gravedad y una misteriosa enfermedad el desencadenante del terrible delito cometido. Kirstin, la hija mayor, sigue en la unidad de cuidados intensivos del hospital de Amstetten, los demás junto con la madre, son atendidos por un numeroso grupo de psiquiatras, psicólogos y neurólogos que insisten en la necesidad de preservar su intimidad para intentar lograr la normalidad en sus vidas.