PAKISTÁN
Raza Gillani comienza una nueva etapa política en Pakistán
Por J. F. Lamata
1 min
Internacional30-03-2008
Las pasadas elecciones legislativas celebradas bajo la sombra de la asesinada Benazir Bhutto pusieron inicio al comienzo de una transición democrática en el país. La alianza entre los partidos de la oposición encabezados por la difunta Bhutto y el ex premier Shariff era más que previsible. El presidente, el general Pervez Musharraf, tras declarar el Estado de excepción en noviembre y encarcelar a sus adversarios políticos, ahora debe aceptar a un primer ministro al que metió en la cárcel en el pasado.
La primera medida de Yusuf Raza Gillani como primer ministro ha sido restituir a los jueces del Tribunal Supremo y poner en libertad a su jefe, el juez Ifkitar Chaudhry, principal punta de la Magistratura que defendía la ilegalidad que suponían los intentos del general Musharraf de perpetuarse en el poder. El nuevo premier, después de los elogios a la asesinada Bhutto, que vienen siendo habituales durante todos estos días, ha asegurado que el auténtico enemigo de Pakistán es el terrorismo extremista, en lo que puede interpretarse como una llamada a la tranquilidad hacia Estados Unidos. EE.UU. ha apoyado al general Musharraf durante todo este tiempo por haber convertido el país en un gran baluarte de la lucha contra Al Qaeda hasta el punto que el presidente de Pakistán encabeza la lista de enemigos del terrorismo islamista y ha sido amenazado de muerte reiteradamente tanto por Al Zhawari de la Yihad y por el propio Bin Laden y ya ha sufrido varios intentos de atentado. Los paquistaníes viven, pues, un triángulo de tres peligros: uno, el ya mencionado del terrorismo fanático que tiene grandes apoyos en sectores de la población; dos, el riesgo del autoritarismo del general Musharraf, quien aún no se decide a abandonar el poder pese a que su permanencia supone una ilegalidad; y tres, la democracia limpia, pues el último intento democrático en el país acabó en una oleada de escándalos de corrupción, como sabía muy bien la difunta Bhutto, como sabe bien Shariff y como también sabe bastante Gillani, igualmente implicado en aquellos turbios asuntos. Musharraf y Gillani tienen otra oportunidad.





