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TÍBET

Los disturbios en Tíbet sitúan a China en el centro de todas las miradas

Por J. F. LamataTiempo de lectura2 min
Internacional30-03-2008

Los manifestantes nacionalistas tibetanos no han sido del todo pacíficos. Éstos, al menos, según informaron los noticieros chinos asaltaron con un cuchillo a un policía al que asesinaron. La respuesta gubernamental no se hizo esperar y se produjo una cadena de 600 detenidos. Los nacionalistas tibetanos aseguran que las fuerzas de represión comunistas han dejado, como mínimo, 135 muertos.

Según el Código Penal chino, por los delitos de rebelión o traición la pena va desde los 10 años de prisión hasta la cadena perpetua. Como parte de los esfuerzos oficiales para demostrar que Lhasa -capital de Tíbet- ha vuelto a la normalidad, el Gobierno de China ha organizado diversas visitas guiadas de reporteros internacionales por esa y otras ciudades tibetanas. No es la primera vez que se intentan reventar o boicotear unos Juegos Olímpicos, hay muchos precedentes. En los de 1920, fueron excluidos los países perdedores de la Primera Guerra Mundial (Alemania, Austria, Hungría, Bulgaria y Turquía). En los Juegos de 1946 sólo pudieron asistir los países de las potencias ganadoras y las neutrales de la Segunda Guerra Mundial (quedando fuera los derrotados: Alemania y Japón). En 1976, los países del África negra solicitaron la exclusión del equipo de Nueva Zelanda por haber realizado una gira por Sudáfrica (el estado del Apartheid, expulsado de los JJ.OO. en 1968 y de la propia ONU). La propuesta fue rechazada y 22 países encabezados por Congo-Zaire, Nigeria y Rhodesia se retiraron en el último momento y anunciaron el boicot. En 1980, los Juegos se celebraron por primera vez en un país comunista: la URSS. Un gran sector de países occidentales encabezados por Estados Unidos, Japón y la República Federal Alemana boicotearon la competición como protesta por la invasión de Afganistán un año antes. Cuatro años después, los Juegos Olímpicos se celebraron en Estados Unidos (Los Ángeles’84) y en venganza por su actitud, la URSS y sus satélites decidieron boicotear la competición (desobedecieron la Cuba de Castro y la Rumanía del siempre díscolo Ceaucescu). Las siguientes fueron en Corea del Sur (Seúl’88) lo que provocó que Corea del Norte del eterno dictador Kim Il-sung anunciara el boicot a aquel acontecimiento, aunque sólo fue secundado por los dictadores de Cuba, Castro y Nicaragua, Ortega. Los nacionalistas tibetanos quieren evitar que China use los Juegos Olímpicos como muestra de propaganda y enseñando un país ordenado y abierto al mundo. De todos modos las esperanzas que tienen son mínimas. Los países participantes asistirán, quizá recordando las palabras del ex presidente del Comité Internacional Olímpico Juan Antonio Samaranch: "la política y las rivalidades internacionales no deben mezclarse con los deportes"; o tal vez acudan porque, como ha demostrado la retirada del país de la lista que países que incumplen los Derechos Humanos, no pueden desestimar la posible fuerza económica del país.