ORIENTE PRÓXIMO
Líbano: la fragilidad de un Estado en una guerra de otros
Por J. F. Lamata Molina
2 min
Internacional03-03-2008
La situación de Líbano tras dos años desde la Operación Recompensa Justa en la que tropas israelíes invadieron el territorio no resulta demasiado alentadora. Sólo desde comienzos de 2008 se han producido diversos atentados con un saldo de decenas de muertos, entre ellos el jefe de Policía de Beirut, el ataque contra vehículos procedentes de Estados Unidos y otros países -incluyendo España, en el que murieron seis personas- y también contra barrios cristianos -en Líbano confluyen cristianos, suníes y chiíes-.
Dos preguntas hay que hacerse: ¿quiénes son los responsables de los atentados? y ¿quién manda realmente en Líbano? La respuesta es la misma, el complicado reparto de poder entre cada barrio, zona y territorio libanés, entre fuerzas de ocupación, milicias terroristas y los escasos medios gubernamentales provocan los recelos y enfrentamientos que han convertido al país en un puzzle de tendencias antagónicas. El primer gran problema proviene de Siria -a quien han atribuido los atentados de la semana pasada-, que ha gozado de una poderosa influencia en Líbano durante las últimas décadas para desgracia de Occidente. Una demostración de ello fue la salida del poder del antisirio Rafic Hariri, pero cuando este político fue posteriormente asesinado se produjo una reacción antisiria en grandes zonas del país que obligó a parte de las tropas a retirarse. Mucho más fuerte es el poder de Hezbolá, la milicia integrista islámica controla territorios en la frontera entre Líbano e Israel. Tras el secuestro de soldados israelíes, el Gobierno de Ehud Olmert responsabilizó a Líbano y procedió a la invasión de las susodichas fronteras. La guerra preventiva viene a ser una práctica habitual del Ejército de Israel y suponía repetir los hechos de la década de 1980 -con Ariel Sharon como ministro de Defensa-, para poner fin al poder de las entonces milicias terroristas de la OLP de Yasir Arafat). En esta nueva guerra del verano de 2006, el Ejército libanés apenas participó, la batalla era entre tropas israelíes y Hezbolá. El propio Gobierno acusó a la milicia de "haber constituido un estado dentro de un estado". El resultado fue un gran número de muertos entre unos y otros. Tras ello entró en escena la Comunidad Internacional, esta vez con el visto bueno de la ONU, para dar estabilidad a la zona con una misión en la que participan diversos países occidentales incluida España. Contra ellos se han producido atentados que también han afectado a las zonas cristianas, por el ser el sector de la población libanesa más cercano a las tropas invasoras. Y todo ello sin olvidar la sombra de Al Qaeda, siglas bajo las que se esconde el sector más fanático de odio antioccidental y también un cómodo abanico para esconder detrás todo atentado que nadie quiera admitir, como demuestran los sucesos recientes de Pakistán. Atentados de Hezbolá, suicidas de Al Qaeda, altercados de los grupos prosirios y excesos de las tropas israelíes... éste es el paisaje al que se enfrenta Líbano, que ni si quiera cuenta con un jefe de Estado por la actitud de bloqueo del sector más extremista del Parlamento, que quiere evitar la elección de un mandatario prooccidental. El pasado 25 de Enero, la periodista Mónica Prieto, terminaba su crónica sobre la situación libanesa con el testimonio de un anciano que decía "Esto es el Líbano, muertos, miedo... es el Líbano".





