INFORME
Kenia, en cinco minutos
Por Iara Mantiñán
5 min
Internacional06-01-2008
Los excepcionales paisajes convierten a Kenia en el perfecto destino de buena parte del turismo de lujo. Sin embargo, se debe aguzar la vista porque detrás de esta paradisiaca postal se encuentra un alto grado de corrupción, rivalidades políticas aderezadas con diferencias étnicas, y donde la pobreza, las desigualdades y el desempleo son algo endógeno y cuyas causas deben ser detalladas.
Dos personas: el presidente, Mwai Kibaki, y el líder opositor, Raila Odinga, y dos etnias enfrentadas: los kikuyus –terratenientes, protegidos por el presidente Kibaki- y los luo –desfavorecidos, protegidos por Odinga-. Éstos son los ingredientes que forman el complejo puzzle africano que los medios intentan resumir como un enfrentamiento entre los miembros de la etnia luo -como Odinga- y los kikuyu -a la que pertenece Kibaki-. Este problema surge tras la acusación de Odinga a Kibaki de haber manipulado los votos y cometido fraude electoral. Sin embargo, la violencia va más allá de un enfrentamiento entre dos etnias. El mosaico de etnias Numerosos grupos étnicos -entre los que destacan kikuyu, 22 por ciento de la población; luhya, 14 por ciento; luo, 13 por ciento; kalenjin, 15 por ciento y kamba, 11 por ciento- y religiosos –protestantes, 38 por ciento de los habitantes; católicos, 28 por ciento; religiones tradicionales, 22 por ciento y una minoría musulmana- conviven bajo una misma bandera. Este hecho ha llevado a denominar a Kenia como “un oasis de estabilidad en una región muy volátil”. Pero tras ese oasis de estabilidad se han sucedido a lo largo de la historia varios conflictos étnicos: se han enfrentado los kalenjin con los kikuyu; los kikuyu junto con los luo y luhya pelearon contra los masai y los kalenjin. Aquí se puede encontrar una de las raíces de las confrontaciones actuales, el enfrentamiento de dos tipos de vida muy ligados a la propiedad y el control de la tierra. Mientras que los kikuyu, luo y luhya eran agricultores, los segundos eran principalmente pastores. Las consecuencias del colonialismo La idea del “divide y gobierna” que Reino Unido llevó a cabo en países como India -origen de los actuales problemas étnicos en Pakistán- y Kenia supone el origen de las guerras étnicas. Siguiendo el manual colonial, los británicos realizaron divisiones territoriales arbitrarias, despreciaron los espacios étnico-geográficos tradicionales y cortaron tribus y territorios sin tener en cuenta sus costumbres de vida. Un ejemplo de esta política colonial se halla en el Valle del Rift, donde hasta la llegada de las fuerzas coloniales el pastoreo era la forma de vida de la región (masai y kalenjin). Tras los colonialistas, éstos impusieron el desplazamiento de los habitantes locales, sustituyéndolos por miembros de otras etnias más habituados a la agricultura y más preparados para desarrollar la economía agraria y el sistema de cultivos impuestos desde la metrópoli. El favoritismo político Jomo Kenyatta -el líder keniano que en 1963 arrancó a Reino Unido la independencia de su país- decía: "Cuando los ingleses llegaron a Kenia, ellos tenían la Biblia y nosotros las tierras. Hoy nosotros tenemos la Biblia y ellos las tierras". Kenyatta murió en 1978 y si bien es cierto que muchos blancos colonizadores-evangelizadores han continuado en posesión de sus tierras, ocurre lo mismo con una importante elite negra de la tribu kikuyu -la mayoritaria-, que ha detentado durante todos estos años, ininterrumpidamente, el poder de la tierra, el socio-económico y el político. El favoritismo político ha sido una tónica general con los tres presidentes que, conscientes de la imposibilidad de gobernar con el apoyo de una sola etnia, lograban acuerdos con otras, aunque mantenían los privilegios para los de la suya. Esto ha ocurrido con Kenyatta -kikuyu, terratenientes-, con su sucesor, Moi –kalenjin- y con el actual presidente Kibaki –kikuyu-. Si en las pasadas -y polémicas- elecciones, finalmente, Odinga –luo- fuera el vencedor, es muy probable que ocurra lo mismo. Influencia de EE.UU. y Reino Unido Los dos aliados que dirigen la política internacional tienen grandes intereses en este país. Washington siempre ha apoyado al régimen de Kenia consciente del papel tapón que desempeña en la región, además del apoyo a la “guerra contra el terror” que Nairobi –capital keniana- brinda a Estados Unidos. Sin embargo, el gran número de refugiados de otros estados, los movimientos migratorios internos, la presencia de grupos armados vecinos y las propias divisiones entre estados impulsadas por los colonialistas pueden agravar aún más la situación. Similitudes con lo ocurrido en Costa de Marfil En la noche del 18 al 19 de septiembre de 1999, Costa de Marfil vivió uno de sus conflictos más sangrientos y dramáticos tras lograr la independencia en 1960. Los analistas, según la perspectiva de su mirada, observan en él un origen xenófobo o étnico-religioso entre el norte y el sur del país. Pero también en este caso, detrás de todo lo dicho hay un claro trasfondo político y económico relacionado con la acción de los principales líderes políticos y el papel de Francia como ex metrópoli. Sin embargo, comparar el conflicto de Kenia con los acontecimientos de 1999 en Costa de Marfil, echarle la culpa al enfrentamiento étnico o centrarse en las manipulaciones de los votos -como si éste no se diese alguna vez en las democracias occidentales, donde los gobiernos no dudan en adelantar las elecciones oportunamente o reformar los distritos electorales en beneficio propio-, no ayudan a resolver la crisis keniana, ni la de las antiguas colonias de la Commonwealth. Y, como siempre, una vez más los perdedores, en este tipo de conflictos, son las masas más pobres del país. Abolir arraigados mitos del colonialismo Si se observa con detalle la situación del país africano se puede afirmar que ni todos los kikuyu son los dominantes ni todos los luo, los desposeídos. Los diferentes procesos coloniales y neocoloniales han acentuado las diferencias de clase entre las comunidades de cada etnia. Por ello, es más que probable que las elites de diferentes etnias tengan más en común entre ellas que lo que tienen con los demás miembros de sus etnias, y esto es algo que se pretende ignorar en Kenia. El final de las políticas emanadas del colonialismo, tengan el rostro de neocolonialismo o neoliberalismo, es clave para acabar con las desigualdades endémicas de Kenia y de buena parte de África, como lo es también abordar de una vez por todas la justa redistribución de las tierras del continente. Mientras no se afronte esto, los pangas (machetes) se alzarán ensangrentados y entremezclados, además, con otras armas más mortíferas y modernas.





