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KOSOVO

Kosovo, la penúltima pieza del puzzle

Por J. F. LamataTiempo de lectura3 min
Internacional25-11-2007

El triunfo independentista en las elecciones kosovares abre la vía para que caiga la última pieza del rompecabezas que estalló a principios de los 90 en la mayor tragedia que había vivido Europa tras la Segunda Guerra Mundial, en lo que en otro tiempo se llamara República Federal Popular de Yugoslavia.

Aquel régimen yugoslavo fundado por el dictador comunista Tito tras la guerra dividió el país en seis repúblicas: Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro, Bosnia-Herzegovina y Serbia, y esta última a su vez en dos autonomías: Voivodina y Kosovo. Cada región tenía sus diferentes etnias, en el caso kosovar pertenecen a la albanesa. El país estaba dirigido por la Liga de los Comunistas de Yugoslavia a cuyo frente estaba el propio mariscal Tito. Parecía, pues, que el mariscal había conseguido conciliar todas las diferencias y odios étnicos de la historia, pero poco después de su muerte (1980) se demostró que aquel éxito se debía únicamente a su autoridad (dictadura y represión). La Liga se hundió al anteponer sus dirigentes sus ideas nacionalistas sobre las comunistas y, una vez más, la olla de los Balcanes estalló en aquel 1992. Primero fueron Eslovenia y Croacia las que proclamaron su independencia en 1991, frente a la oposición Serbia que defendía la unidad en la que los serbios ejercieran de hegemónicos. Se financiaron movimientos guerrilleros en ambos bandos que desarrollaron auténticas salvajadas a militares y a civiles. Todavía más atroz fue la de Bosnia-Herzegovina, donde los serbobosnios, los serbocroatas y los musulmanes convirtieron aquella zona en un auténtico infierno hasta la Paz de Dayton (1995). Macedonia, por su parte, proclamó su independencia pacíficamente en 1993. Kosovo era un caso diferente, no tenía el rango de República, pero los ataques en exceso de los serbios -que controlaban a la Policía y al Gobierno- a la etnia albanesa que en demasiadas ocasiones acababan en muertes encendieron las alarmas de todo Occidente, que no estaba dispuesto a permitir que se repitiera otra Bosnia. La OTAN decidió intervenir y, también tropas de Rusia penetraron en aquel terreno, teóricamente para lo mismo, aunque también para asegurarse que la Alianza Atlántica no abusara demasiado. El Tribunal de La Haya decidió intervenir y anunció en 1999 el proceso a cinco criminales de guerra a los que acusaba de haber provocado el asesinato de más de 300 kosovares y deportaciones masivas. Estos eran el propio presidente de Yugoslavia, Slobodan Milosevic; el presidente de Serbia, Milutinovic; el jefe del Estado Mayor, el general Odjanic; el ministro de Interior, Stojilkovic; y el viceprimer ministro, Sainovic. La derrota de Milosevic en las elecciones de 2000 en las que los kosovares y el presidente de Montenegro apoyaron decididamente al rival del genocida, Vojislav Kostunika, abrieron el camino a la Justicia. A regañadientes, el nuevo Gobierno decidió entregar a los acusados. Milosevic murió antes de escuchar sentencia, Stojilkovic se pegó un tiro en el propio Parlamento acusando de traidores a todos. Los tres restantes son juzgados en la actualidad en un lentísimo proceso. Pero ni siquiera el Gobierno yugoslavo podía detener ya las ansias de independencia de Kosovo. Kostunika cambió la denominación del país de Yugoslavia a República de Serbia y Montenegro para contentar a estos últimos, pero dentro de Serbia, aun así el problema era mayúsculo. El Gobierno serbio no ve con buenos ojos que Kosovo sea independiente. Cierto es que Kosovo nunca ha sido una región independiente ni una República dentro de la Federación, cierto es que Albania es el país más pobre de Europa pero, aun así, la población kosovar se ha manifestado mayoritariamente por las opciones independentistas.