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LUCHA ANTIDOPAJE

Una misión plagada de lagunas

Por Alejandro G. NietoTiempo de lectura4 min
Deportes18-11-2007

El deporte lleva cuatro décadas combatiendo una de sus mayores amenazas. Desde 1967, cuando se elaboró la primera lista de sustancias prohibidas, los métodos para combatir el dopaje han experimentado una gran evolución. No obstante, la continua aparición de nuevas sustancias, los fallos de los procesos de detección y los positivos de deportistas que acaban demostrando ser inocentes ponen en tela de juicio la eficacia de la lucha contra el doping.

Recientemente, Pep Guardiola era la viva imagen de la felicidad. Tras seis años de batallas legales, había conseguido ver reconocida su inocencia. Un tribunal de Brescia (Italia) lo exculpó de la acusación de dopaje por nandrolona. Los argumentos que Guardiola adujo durante años fueron múltiples: “Hay una prueba, llamada DEXA, que analiza el porcentual de la masa grasa y la masa magra. Es fiable al 99 por ciento. Si tomas esteroides anabolizantes y hay mucho equilibrio es que no ha hecho efecto. Ben Johnson dio 2.000 y yo no llegué a nueve”, cuenta el ahora entrenador del filial del Barcelona. La nandrolona es una sustancia que debe tomarse de forma continuada para ser efectiva, y ello demostraba que Guardiola no la consumía. Sin embargo, la prueba definitiva fue una nueva información sobre los análisis de detección de la nandrolona. “Hay cinco parámetros, de los que si uno falla, eres culpable. Los cinco míos estaban bien”, afirma. El caso de Guardiola evidencia un problema que atletas y científicos han denunciado: los métodos de detección distan de ser eficaces. Numerosos deportistas acusados de consumir sustancias dopantes –casi siempre nandrolona o eritropoyetina (EPO)– recurren con frecuencia a pruebas alternativas para demostrar su inocencia. Sucedió con Carlos Gurpegui, Guardiola, Virginia Berasategi, Everton Giovanella y muchos otros. El último caso, uno de los más llamativos, es el de Martina Hingis. La tenista suiza asegura que un análisis capilar realizado por voluntad propia demuestra que nunca ha consumido cocaína. No obstante, ante los tribunales deportivos sólo tienen validez las pruebas –bien de sangre u orina– efectuadas por los laboratorios reconocidos por la Federación Internacional. A los posibles fallos en los procesos de detección se suma el que no todos los laboratorios están preparados para llevar a cabo determinados análisis. En el caso de la nandrolona, por ejemplo, muchos sólo disponen de la técnica del carbono 13, un procedimiento sensible tan sólo para concentraciones superiores a 50 nanogramos por mililitro, cuando el límite para dar positivo está en dos nanogramos. La lucha contra el dopaje es un proceso en el que los laboratorios, en su afán por capturar a los tramposos, se encuentran con numerosas dificultades. La mayor de ellas, una de las grandes preocupaciones de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), es que los malos suelen ir siempre un paso por delante. Sustancias cada vez más difíciles de detectar Las técnicas evolucionan con gran rapidez y la detección de las drogas se hace cada vez más complicada. El ejemplo más significativo es el caso BALCO y la Tetrahidrogestrinona (THG), un esteroide anabolizante descubierto gracias a una muestra enviada por un anónimo –luego se supo que fue Trevor Graham, entrenador de Tim Montgomery y Marion Jones– que delató a varios velocistas de primer nivel. Dwain Chambers, Montgomery y Chryste Gaines, entre otros, fueron sancionados. Años después, tambien ha salido a la luz –gracias a unas cartas que envió a unos amigos– la culpabilidad de Jones. Dick Pound, presidente de la AMA, manifestaba una de las mayores inquietudes de su organización: “Es una vergüenza que su mentira durase siete años. Es preocupante que pasara unos 160 controles y que nunca diera positivo. Hay que averiguar lo que fue mal”. La preocupación del canadiense, que en diciembre dejará su cargo al australiano John Fahey, se hace más notoria ante la perspectiva de la inminente aparición de la técnica más avanzada: el dopaje genético. La inyección de factores de crecimiento en las células humanas resultaría indetectable sin un análisis directo de los músculos de los deportistas. Además, quienes utilizaran esta nueva trampa podrían ver incrementada su masa muscular hasta un 30 por ciento. Aparecería una nueva raza de superhombres: los expertos aseguran que los Juegos de Turín 2006 pudieron ser los últimos antes de la era genética. Los tramposos nunca confiesan La evolución de la técnica es todo un quebradero de cabeza para las autoridades. Sin embargo, no es lo único que les trae locos. Los deportistas rara vez confiesan su culpabilidad y buscan todos las formas posibles para evitar una sanción. En el caso de Guardiola, el ex futbolista logró demostrar su inocencia ante un tribunal. Pero muchos, lejos de luchar por encontrar la verdad, se conforman con iniciar procesos judiciales para lograr posponer su castigo y seguir compitiendo. Eso si son descubiertos. El caso del T-Mobile es un perfecto ejemplo de las lagunas de la lucha contra el dopaje. Sus corredores nunca dieron positivo y, ahora, tras la confesión de Patrick Sinkewitz, empezaron a salir nombres: Bjarne Riis, Erik Zabel, Christian Henn, Bert Dietz, Brian Holm… todos ellos han confesado. Cada semana aparecen más casos, una prueba de que, pese a todos los esfuerzos, queda un largo y pedregoso camino por delante.