CUMBRE IBEROAMERICANA
Las políticas populistas de la zona apuntan a España como fuente de males
Por Angie Rigueiro
3 min
España11-11-2007
La patata caliente ha explotado. De esa manera puede definirse lo ocurrido la pasada semana en la cumbre iberoamericana celebrada en Santiago de Chile. España se ha convertido en el blanco de las políticas populistas de Iberoamérica.
Bien es cierto, que muchas son las ocasiones en las que los fines de estos encuentros internacionales no llegan a cumplirse totalmente. Pero esta vez el asunto ha sido más radical: se ha pasado del objetivo de hablar de cohesión social a reprochar, por parte de algunos países, como Venezuela, Nicaragua o Argentina, algunas políticas pasadas de los gobiernos españoles. En la sesión de clausura de la cumbre se produjo una bronca monumental que marcó la jornada, cuando el rey de España perdió la paciencia ante los ataques de Chávez contra el ex presidente del gobierno español, José María Aznar, y le dijo, "¡Por qué no te callas!". A pesar de que muchos dentro del continente sudamericano consideran como primos hermanos de los españoles, el recelo hacia España y el estigma de la colonización siempre ha sido utilizado por distintos líderes populistas a lo largo de la historia de manera interesada. Precisamente ese sentimiento podría estar resurgiendo ahora con fuerza. El principal motivo: un giro grande de buena parte de Iberoamérica a políticas de izquierdas. Ha salido a la luz una visión poliédrica en la que se juntan viejas querellas históricas con resquemores que se fomentan en muchos países por el hecho de que los servicios básicos, como la luz, el agua, el gas, la telefonía, la banca, corran casi exclusivamente a cargo de empresas españolas. Por ese motivo, los empresarios y los embajadores españoles han sido los que han salido peor parados en lo que se refiere a las críticas en esta cumbre. Este incidente podría resurgir los sentimientos encontrados que la potencia inversora española, se ha hablado incluso de segunda conquista, ha causado en muchos países del área. Consideran que las empresas españolas están aprovechándose de ellos al mandar a muchos países de Iberoamérica sus multinacionales, así como Repsol, el Banco Santander, Telefónica, el BBVA. Por ese motivo, bien es cierto que los intereses que tiene depositados España en estos países son muy fuertes. Según el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, este incidente de Santiago ha abierto, sobre el complejo panorama de las relaciones entre España y América Latina, la sustancia misma de las cumbres iberoamericanas. El tema de la cumbre ha agravado la agitación de la misma, debido a que es un debate emblemático de la división entre la Iberoamérica, entre países que quieren abrirse a las relaciones con EE UU y con la economía de mercado, y otra parte, la más minoritaria, que busca respaldo en el liderazgo de Hugo Chávez y su retórica bolivariana. El ambiente estaba cargado, porque hace tiempo que Chávez endureció su lenguaje, como se le ha endurecido la oposición interna. Hace pocas semanas, los países de esta misma región no lograron ponerse de acuerdo para hablar de cohesión en el marco de la Organización de Estados Americanos (OEA). El presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, aterrizó en Santiago con recursos financieros para dar credibilidad a los programas propuestos. También con eslóganes de campaña. "Ésta es la cumbre en la que se pasará de la retórica a los compromisos. ¿Qué tarea más digna para un gobernante que la de acabar con la pobreza, con la injusticia?", preguntó a los 22 líderes reunidos. La respuesta de Chávez fue inmediata: "para el venezolano, no hay nada más inútil que los paños calientes ni nada más indispensable que sus recetas antiimperialistas". Estas palabras fueron presentadas con un lenguaje especialmente agresivo y muy centrado en España.





