MEDIO AMBIENTE
La tierra puede ¬autocurarse¬ del calentamiento global
Por María Reyes Romero
2 min
Sociedad28-09-2007
Es evidente que el planeta Tierra está enfermo a causa del calentamiento global. Lo que no está tan claro es si realmene nos estamos referiendo a la existencia de un ser vivo. Esa es la hipótesis defendida por James Lovelck, un investigador británico que en 1979 formuló la teoría Gaia. El debate queda de nuevo abierto ante la probabilidad de que en ella pueda encontrarse la solución para el efecto invernadero.
Gaia no es otra cosa que el vocablo inglés para denominar a Gea, diosa Tierra en la mitología griega. Así, la denominación de la teoría encierra la principal afirmación de la misma: la Tierra está viva. Lovelock asegura que el planeta es un organismo que se autoregula y evoluciona y que, por lo tanto, tiene vida. Sostiene su teoría principalmente en dos evidencias, la estabilidad en la temperatura y en la salinidad de los oceános. Si ambos parámetros hubiesen mantenido su ciclo de crecimiento normal, nos encontraríamos con temperaturas oscilantes entre los -60º y los 110ºC y los mares se habrían convertido en masas de agua saturadas de sal, hostiles para cualquier forma de vida, algo parecido al conocido Mar Muerto. La hipótesis, publicada con el nombre de Gaia, una nueva visión de la vida, fue rechazada por la comunidad científica durante más de veinte años. Ahora vuelve a salir a la palestra en forma de esperanza para el medio ambiente mediante un sistema descrito por el mismo Lovelock y el coautor de su teoría, Chris Rapley, en una carta publicada en la revista Nature. Para el investigador, la solución al calentamiento global tiene que ver con el ciclo natural del bióxido de carbono a través de los océanos. Según Rapley "una forma de estimular la capacidad de la Tierra para curarse a sí misma": "darle de beber de sus propios recursos, el agua del mar", completa Lovelock. Los océanos cubren el setenta por ciento de la superficie terrestre. El sistema diseñado por Lovelock y Rapley consiste en introducr unos tubos de entre 100 y 200 metros de largo y diez metros de diámetro dentro de los mismos, que terminarán en una especie de válvula que bombeé el agua mezclando los nutrientes estancados en el fondo. De este modo aumentaría la fertilización de las algas que crecerían cumpliendo una doble función: absorberían más dióxido de carbono de la atmósfera y ayudarían a la formación de nubes que crearían una especie de "parasol gigante" reteniendo gran cantidad de radiación solar con el consecuente enfriamento del planeta. Todo este sistema ha sido avalado por los últimos descubrimientos del Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona (del CSIC), con respecto a la relación entre la formación de nubes, el dimetisúlfido, componente presente en las agues del mar, y la radiación solar. Si así fuera, el sistema de Lovelock simplemente aceleraría el proceso.





