CIENCIA
La bioética, una ciencia humanista dentro del cientificismo
Por Esteban del Pozo
1 min
Sociedad21-09-2007
Seguramente sea el debate universal más longevo del planeta: experimentación científica tecnológica o conservación y respeto de los valores morales. La bioética surge para establecer los puentes necesarios entre una posición y otra. Nace en 1971 a partir de dos sucesos independientes entre sí: la publicación del libro de Van R. Potter Bioethics: bridge to the future, y el comienzo de un movimiento para el fortalecimiento de la defensa del paciente frente a la despersonalización de la medicina moderna.
La bioética ha evolucionado hasta tener una amplia presencia tanto en lo social como en lo académico gracias a la conjunción de diversos hechos socioculturales: la quiebra de los valores tradicionales, conceptos e instituciones como familia, matrimonio o nación después de la II Guerra Mundial; el reemplazo del positivismo por las éticas aplicadas; el sentimiento de necesitar un discurso ético normativo acerca de los avances científicos a raíz de la bomba atómica; el despertar de movimientos reivindicativos minoritarios (estudiantes) y, entre otros, mayorías discriminadas (feminismo). Sustentada en los anteriores eventos, la bioética levanta sus cuatro principios fundamentales. El de beneficencia y no maleficencia, a causa del análisis moral de la expansión tecnocientífica desde el punto de vista de la relación de beneficios contra costos y riesgos. El de autonomía, dando especial importancia a la deliberación y la decisión del individuo. Y el de justicia, siendo la raíz reivindicativa de la bioética al pretender que el orden social fuese igualitario y no discriminatorio. Pero la importancia de estos cuatro principios ha ido variando a lo largo de estos más de treinta años. La autonomía ha perdido valor por la necesidad de reformular el bien común en la sociedad y la mercantilización de servicios, que reduce los ámbitos de libertad individual. La influencia de la beneficencia también se ha visto reducida ya que, en un mundo de recursos finitos, está limitada a un nivel en el que el provecho de unos no sea a costa de otros. Al contrario que las anteriores, la no maleficencia y la justicia han pasado a ocupar un papel principal en el pensamiento de la bioética.





