PAKISTÁN
Musharraf, amenazado por el terrorismo y las decisiones judiciales
Por J. F. Lamata Molina
2 min
Internacional22-07-2007
El dictador Pervez Musharraf tomó una difícil decisión cuando en 2001 decidió apoyar inesperadamente al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, en su cruzada contra el terrorismo integrista islámico. Sin duda, Musharraf se convirtió en el aliado más valioso de EE.UU., pues la población de Pakistán era la más identificada con el 11-S tras Afganistán y muchos de los máximos cabecillas de Al Qaeda se encontraban en aquel país. Entre éstos, los coordinadores directos del 11-S, Ramzi Binalshib y Jalid Sheij Mohamed, detenidos por la Policía de Musharraf y entregados a EE.UU. que los mantiene presos en el vacío legal de Guantánamo.
La política de apoyo a EE.UU. le valió a Musharraf la repulsa de gran parte de su propia población que simpatizaba con la política de Bin Laden y sobretodo la de los talibán -formados en su mayoría en tierras paquistaníes-. También le valió el respaldo de todo Occidente, que elogiaba su labor y olvidaba su condición de dictador que accedió al poder mediante un golpe de Estado contra la legalidad. Como era de esperar, Al Qaeda le puso inmediatamente en su diana y, contando con el de este año, han sido cuatro los intentos para asesinarle. Pero los auténticos problemas para Musharraf se han producido en los pasados meses al finalizar el plazo que él mismo había puesto en su día para abandonar el poder. Su otrora aliado, el presidente del Tribunal Supremo, Mamad Chaudhry, que se encargó en su día de cubrir de supuesta legalidad el golpe de Musharraf, le recordaba al presidente que debía abandonar el poder para ser coherente con lo dicho entonces. Musharraf respondía destituyendo al juez, aunque pareció medir mal los apoyos de éste en vista de las reacciones que se produjeron. Por si esto fuera poco, el integrismo más radical mostró su poder con la insurrección de la Mezquita Roja, con los hermanos Ghazi a la cabeza, que se dedicaban desde hacía tiempo a fomentar la conducta yihadista. Tras atrincherar la zona y negociaciones infructuosas, Musharraf ordenó aplastar el levantamiento. Musharraf debe enfrentarse, por un lado, a los fanáticos extremistas y, por otro, a los opositores democráticos que, según el dictador, serían incapaces de enfrentarse a los primeros. Los mensajes de apoyo de Bush al presidente paquistaní empeoran todavía más la imagen del mandatario, visto ante muchos como "presidente de las fuerzas ocupación". La restitución del juez Chaudhry puede suponer el camino a unas elecciones, o a un estallido de violencia.





