TOROS
Burgos, un buen punto de inflexión de la temporada taurina
Por Almudena Hernández
2 min
Espectáculos01-07-2007
En invierno, el aficionado sueña con la faena ideal al amor de la lumbre, con la sopita caliente en el plato y el vídeo de aquella corrida triunfal del año anterior. Luego llegan Valdemorillo y Castellón, para calentar motores. Y después es el momento de Valencia, Sevilla y Madrid, las tres grandes ferias. Pero la temporada continúa y por san Pedro y san Pablo, Burgos se convierte en un importante centro del taurinismo.
Y en Burgos se empiezan a desvelar algunas de las incógnitas que hacía el aficionado en sus días de invierno. Las quinielas comienzan a despejarse. Los favoritos se desbancan en solitario o siguen en su pugna de titanes, o quizás muestran síntomas de flaqueza... Este año Burgos ha vuelto a convertirse en una gran admministración de loterías. Las masas acudían a ver a sus toreros, y no precisamente -ni únicamente- a Jesús Janeiro Jesulín de Ubrique, Manuel Díaz El Cordobés y a Francisco Rivera Ordóñez. Que por cierto, los dos primeros salieron a hombros en el fin de fiesta burgalés el domingo 1 de julio. Decíamos, que cada vez más gente, más aficionados, acuden a las plazas a ver a otros toreros. Uno de los carteles de mayor tirón de la ya pasada feria de Burgos fue el que citó a Castella y Talavante en el mismo paseíllo. El francés y el extremeño se vieron las caras mano a mano el lunes 25 de junio, pero la apuesta quedó en un empate, pues se toparon con una descastada corrida de Martín Lorca. Al día siguiente, sin embargo, con un encierro de Bañuelos, Castella dio la réplica a Julián López El Juli, y viceversa. También hubo empate, pero en número de trofeos -se fueron tres orejas para cada esportón-, y todo el mundo ganó. Los diestros hicieron que el personal se divirtiese, que es de lo que se trata. El francés también actuó con Enrique Ponce el viernes, pero malogró con la espada un triunfo seguro tras emocionar a los tendidos con la faena a un juampedro. Atraídos por un atrayente halo de misticismo, muchos otros aficionados fueron a Burgos a ver a José Tomás. Sin embargo, el de Galapagar no sobresaldrá en los archivos de las hemerotecas esta vez, pues sólo cortó una oreja -igual que Manuel Jesús El Cid-, mientras que José Ignacio Ramos arrancó dos apéndices. Eso sí, lo que ha conseguido este torero lo han logrado muy pocos en la historia de la tauromaquia. Hay quienes pagan una barbaridad por sólo verle hacer el paseíllo en el año de su regreso a los ruedos. El mito está vivo... Y el toreo, por fortuna, parece que también.





