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SIN ESPINAS

El fruto de la creación

Fotografía
Por Javier de la RosaTiempo de lectura2 min
Opinión01-07-2007

El fruto de la creación se convierte en un amargo cáliz con un vino que el mismo Dios quiso y pidió no beber. En la copa, el contenido de todo su esfuerzo y amor. Despertares de madrugada para regar los campos de luz antes incluso de que salga el sol. Sin miedo a la sed y el calor va a cuidar la viña que es todo su amor. Protege sus cepas con un valladar colocado a su alrededor y quita las piedras que impiden su crecimiento. Limpia los surcos con todo su afán y los riega con sangre y sudor. Cada temporada poda las partes secas de los sarmientos para que broten nuevamente en primavera con toda su fuerza. Cuida sus vides que necesitan una atención constante. El viñador necesita conocer bien su clima, su orientación, su tratamiento, de dónde viene la cepa, su edad, su marco de plantación, su estado actual, de qué está compuesto el terreno, cómo y con qué costumbres y cuidados ha sido cuidaba. Necesita un arado invernal para que la tierra respire. Es en ese tiempo, es cuando llega la poda invernal que llega hasta febrero-marzo. Incluso puede haber un arado primaveral. El cuidado de la planta necesita de una limpieza de los brotes sobrantes, para continuar con la estructura de la poda, y actualmente requiere de algunos tratamientos químicos. No obstante, para hacer bien cada una de estas acciones hay ciencia y arte suficiente para llenar una biblioteca. A pesar de todo ello y contando con el imprevisible concurso del cielo y la tierra, el viñador puede encontrarse sólo con racimos de amargo sabor. Ni que decir tiene que la elaboración de los caldos y su conservación en barricas requiere de una habilidad no poco menor. Teniendo en cuenta todo esto ¿qué puede pedirle el viñador a sus sarmientos? Poco más que se dejen hacer para que pueda sacar las mejores uvas de ellos. ¡Sólo eso!