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30 AÑOS DE ELECCIONES

“Hoy comienza una nueva etapa en la Historia de España”

Por Irene E. SánchezTiempo de lectura3 min
España10-06-2007

Juan Carlos I es coronado el 22 de noviembre de 1975. Pese a haber sido elegido por Franco para continuar su mandato, comenzó su discurso con unas palabras que no dejaron impasibles a nadie: “Hoy comienza una nueva etapa en la Historia de España”. A tan sólo dos días de la muerte del dictador, el nuevo jefe del Estado se mostraba abierto a cualquier cambio y demostró no querer cerrar ninguna puerta a la renovación y a la reforma.

Dos días antes, Franco todavía yacía en su lecho y no hablaba. Los días transcurrían y nadie, ni tan siquiera el médico que le acompañaba las 24 horas del día, había sido capaz de escuchar una palabra salir de su boca. Una tarde, y cuando nadie lo esperaba, acertó a decir seriamente: “Qué difícil es morirse”. Días después, las portadas de todos los diarios nacionales lo hacían saber: “Franco ha muerto”. Y lo real es que, tras su muerte el 20 de Noviembre de 19975, el camino que algunos habían trazado y la esperanza de otros de que el régimen se prolongara con el entonces príncipe Juan Carlos, no hizo mas que, paradójicamente, convertirse en una ilusión. La muerte, decía el caudillo, es lenta y se hace difícil, tal y como ocurrió los días de la Transición española; días en que ni políticos ni ciudadanos pudieron disfrutar plenamente de la situación de cambio en que se encontraban y de aquello que se avecinaba. Nada más lejos de la realidad. Si algo se vivió aquellas duras jornadas fue la tensión, el nerviosismo, las muertes y los enfrentamientos diversos que acontecían y parecían dibujar un futuro como mínimo incierto. Un camino, por tanto, en el que no cabía vacilación o duda alguna y en el que se decidió actuar con suma agilidad y valentía. Un camino que no fue fácil y que suponía un cambio inmenso para todos los españoles, que, tras 19 meses de espera inquietante, lograron, por fin, hacerse con los derechos y libertades con que habían soñado durante décadas. Todos recordarán el inicio. Con un primer gobierno al mando de Arias Navarro y que no se comprometió con las ansiadas reformas, el Rey, temeroso de conseguir el hastío de la derecha, comienza a tener cada vez más claro quién será el sustituto. Pese a su pasado falangista y a su simpatía con la derecha, es Adolfo Suárez el elegido y el que logra convencer a la oposición de que sería el único capaz de retomar la política de España desde una línea centrista y democrática. Entierro de la ultra derecha Juan Carlos I contó a su vez con la actuación de una derecha que si bien ostentaba aún el poder, tuvo un papel relevante en este sentido. Ante el asombro de todos y apenas a un año de la muerte de Franco, da luz verde a la Ley de la Reforma, y, con su aprobación, se autoexcluyen del mapa político español. Una reforma que, a través del referéndum, obtuvo la mayoría de votos de una ciudadanía cada vez más ilusionada, que caminaba hacia la democracia. Mientras la derecha extrema decía adiós a la política, la izquierda comunista se resistía a ello. Su exclusión del panorama electoral fue meditada en numerosas ocasiones, pero la decisión de Suárez fue mantener al partido en pie, dados los recelos de la izquierda para con éste y con su pasado falangista, del que no se fiaban en medida alguna. Para mantener su posición de centro, su apertura al cambio, y su imagen de aceptar toda ideología, Suárez se reunió en secreto con el presidente del partido, Santiago Carrillo, por entonces la figura más odiada por el franquismo. A raíz del encuentro, el PCE se legaliza, junto a los demás partidos que habían sido ya legalizados, y participa en las que serían las primeras elecciones democráticas desde 1936. El día había llegado. El reencuentro con las urnas se hizo esperar, pero bien llegó un 15 de junio de 1977 con la participación de un 77’4 por ciento de la población. 41 años de abstinencia a la espera de tan singular victoria. Aquel día ganó la esperanza. Ganó la Reforma. Ganó la democracia. El camino lento y duro había visto su objetivo cumplido. “La muerte es difícil”, como decía Franco, pero más difícil aún cuando se logró bajo tierra enterrarla y hoy se deshace sin miramiento alguno su féretro.