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COREA

Las dos Coreas suavizan su antagonismo con una línea férrea conjunta

Por J. F. Lamata MolinaTiempo de lectura2 min
Internacional20-05-2007

Por primera vez en la historia de las dos Coreas, la República de Corea (Corea del Sur), occidental y la República Democrática Popular de Corea (Corea del Norte) bajo dictadura comunista, dos trenes han atravesado las fronteras de una hacia la otra permitiendo el paso a unas 300 personas. Muchos han querido verlo como un paso para la conciliación y la reunificación, algo que, por muchos motivos, parece bastante improbable.

Corría el año 2000 cuando los presidentes de las dos Coreas acordaron en una Cumbre histórica, una serie de acercamientos que incluían la apertura de las carreteras fronterizas y la creación de una línea ferroviaria común. Habían tenido que pasar casi 10 años desde el hundimiento del comunismo internacional para que el dictador Kim Jong-il, el hijísimo, se decidiera a aceptar ese aperturismo con el hasta entonces odiado vecino. ¿A qué obedecía esa apertura? ¿Kim Jong Il se había vuelto un moderado? No hay nada que pueda corroborar esa versión, el Querido Líder (como se le llama en Corea del Norte), mantiene su política totalitaria personalista a rajatabla. El acercamiento es una simple consecuencia de la necesidad de ayuda, la situación de los habitantes de la República Democrática Popular de Corea, el pueblo elegido según el argot del partido comunista coreano es tan miserable que Kim Jong-il no ha tenido más remedio que enviar ese particular S.O.S. a los capitalistas para poder salvar a uno de los países más pobres del mundo. Sin embargo, el proyecto se fue retrasando conforme se torcía la imagen de Corea del Norte en el mundo tras su inclusión por EE.UU. del país en la lista de “países que apoyan el terrorismo internacional” junto con Iraq, Sudán, Irán y Cuba, pese a que en el último caso esas conexiones con terroristas son más que dudosas. Para empeorar las cosas, al Querido Líder se le ocurrió hacer pruebas nucleares en el país, desatando la alarma mundial. Finalmente tras las presiones de China, Kim Jong-il transigió y puso fin a su actitud beligerante, y es que no se puede desobedecer a la mano que le da de comer dado que si el gobierno de Pekín cerrara el grifo, el régimen norcoreano se derrumbarían con tanta facilidad como sus colegas del Europa del Este en 1989. Pero el hecho histórico está allí, del país prisión han podido salir ciudadanos, como pasara en Alemania del Este en 1989. Sin embargo, en esta ocasión al contrario que entonces no ha aparecido una masa de desbordantes ciudadanos que querían escapar del paraíso comunista, todo parece haberse mantenido bajo control. Quizá se deba a que en Alemania del Este no se consiguió que adoraran a sus mandamases como a dioses, como si parece haber conseguido la familia Kim en Corea. Por muy mal que vayan las cosas, el Querido Líder es el Querido Líder: si los hijos se mueren de hambre es una desgracia, pero no es culpa del Querido Líder, al igual que un cristiano no culpa a Dios de sus desgracias personales. En definitiva, la unión férrea entre las dos Coreas no es negativa para los dos países ni para el mundo, pero no conviene emborracharse de alegría y olvidar que Kim Jong-il ejerce sobre 23 millones una dictadura personaliasta.