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BANCA

El Supremo da la razón legal, pero no ética, a las jubilaciones de Botín

Por Gema DiegoTiempo de lectura1 min
Economía30-07-2006

Sus servicios lo valieron. El ex copresidente del SCH José María Amusátegui y el ex consejero delegado Ángel Corcóstegui han conseguido demostrar, una vez más, que el trabajo que desempeñaron en la entidad fue justamente recompensado. El Tribunal Supremo les ha dado la razón y ha confirmado la licitud de sus jubilaciones de 43,8 y 108,1 millones de euros, respectivamente.

Junto a Amusátegui y Corcóstegui, el actual presidente del SCH, Emilio Botín, ha salido airoso de los cargos de apropiación indebida y estafa tras un periplo de declaraciones ante la Audiencia Nacional que comenzó en noviembre de 2002, cuando el abogado y accionista Francisco Franco Otegui presentó una querella contra Botín y Amusátegui. Esta circunstancia sirvió como punto de partida para que la juez de la Audiencia Nacional Teresa Palacios sentara en el banquillo de los acusados a los tres ejecutivos, en una causa en la que Franco Otegui pretendía sacar a la luz un supuesto acuerdo para desplazar a Amusátegui y Corcóstegui fuera del banco como piezas molestas que interrumpían el camino de Botín hacia la cima y saldar así una guerra de poder en el seno de la entidad, mediante la concesión de unas suculentas jubilaciones e indemnizaciones. Sin embargo, en abril del pasado año, la Audiencia Nacional absolvía a los tres implicados, bajo la consideración de que la justicia no puede entrar en la fijación de los mecanismos de funcionamiento del mercado financiero. No contento con este resultado, Franco Otegui presentó un recurso de casación que ha sido desestimado por el Tribunal Supremo, quien además le insta ahora a hacerse cargo de las costas procesales. Este órgano considera que todos los consejeros del SCH aprobaron “de forma masiva” el otorgamiento de estas cuantías y, lo que es más, que estos desembolsos no suponen un “perjuicio patrimonial” para el banco. Por tanto, subraya el Supremo, no existen límites a la hora de fijar las retribuciones económicas en el mercado de los ejecutivos. No obstante, la sentencia se permite una esclarecedora aclaración entre paréntesis que deja un sabor agridulce en los absueltos: “Sí hay topes éticos y de responsabilidad social, que aquí quedan ostensiblemente transgredidos”.