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LÍBANO

La Comunidad Internacional sigue sin plan para frenar la violencia

Por Salva Martínez MásTiempo de lectura3 min
Internacional23-07-2006

Pocos hombres son tan importantes y tan respetados en el mundo musulmán, y especialmente en Oriente Próximo, como el imán de la gran mezquita de la ciudad saudí de La Meca, Abdul Rahman Al-Sudais. Él se preguntaba la semana pasada ante la prensa: “¿Dónde están aquellos quienes atiborraron al mundo con sus eslóganes de libertad y democracia? ¿No creen que la historia les condenará por su política de dobles estándares?”.

Abdul Rahman Al-Sudais se hacía estas preguntas en referencia a la actual política de laisser faire a Israel en el Líbano de la Administración Bush, y, sobre todo, en alusión a la idea del Ejecutivo de Bush de implantar, cueste lo que cueste, la democracia y la libertad en lo que bautizaron hace dos veranos como “El gran Medio Oriente”, una zona geopolítica del mundo musulmán que abarca los países comprendidos entre Marruecos y Pakistán. Las preguntas retóricas lanzadas por el imán de La Meca encontraron respuesta el viernes pasado. Ese día, la muy responsable de ese gran concepto de Medio Oriente, la secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, salió a la palestra para llevar la contraria al secretario general de la ONU, Kofi Annan, y a su plan para calmar la crisis desatada por Israel y Hezbolá. Annan planteó un día antes de la aparición de Rice la movilización de la Comunidad Internacional ante el necesario e “inmediato cese de las hostilidades y de un mayor y más creíble esfuerzo israelí para proteger a los civiles y las infraestructuras civiles mientras se desarrollan las condiciones hasta que se alcance ese alto el fuego”. Annan sabía desde principios de la semana pasada que Israel se oponía a esta solicitud porque, según aseguró la ministra de Asuntos Exteriores israelí, Tzipi Livni, a la misión diplomática de la ONU enviada por Annan a la región, es demasiado pronto para hablar de alto el fuego. Las palabras del secretario general de la ONU debían haber servido para que se tomaran medidas frente la grave crisis que ha costado la vida de más de 300 personas y una destrucción de infraestructuras en Líbano que en Beirut evalúan en torno a los 400 millones de euros. Pero no fue así. Rice dijo en rueda de prensa el viernes pasado que un “alto al fuego sería una falsa promesa que restablecería la situación a su statu quo inicial”. Dando cuenta de la intención de EE.UU. de hacer de la diplomacia un instrumento para transformar la realidad política del Próximo y Medio Oriente, Rice mantuvo: “Debemos ser más ambiciosos y efectivos, debemos trabajar con urgencia para alcanzar las condiciones que doten a la región de estabilidad”. Rice estará esta semana en la región. Después de su visita, la Comunidad Internacional podría tomar una decisión. Hasta ese momento, los líderes occidentales divergen sobre cómo afrontar la crisis. Reino Unido cierra filas en torno a la posición de EE.UU. En Berlín, como el Gobierno que lidera la conservadora Merkel quiere mejorar sus relaciones con Washington, los responsables políticos alemanes no quieren “jugar un papel importante” en la crisis. Entre tanto, España, Finlandia y Suecia no dudan en criticar a Israel y sólo Francia es la única en adoptar plenamente el contenido del discurso de la ONU que exige por igual el cese de las hostilidades a israelíes y a Hezbolá. Si hay división en Europa, en Damasco, como en muchas otras capitales árabes, se preguntan, como lo hacía a finales de la semana pasada Hazaa’a Al Maswari, islamista del Parlamento Sirio “¿Dónde están los líderes árabes? ¿Tienen otra cualidad que no sea la de solicitar una falsa paz en la puerta de la Casa Blanca?”